Quienes no se rebelaban veían en ellas un grito de libertad

Las Dos en Punto

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Coralia y Maruxa

Las Marías, Las Dos Marías, Las Dos en Punto o Cara de Palo es el nombre con que se conocía en Santiago de Compostela a la pareja formada por las hermanas Maruxa (Santiago, 4 de enero de 1898 – ibídem, 13 de mayo de 1980) y Coralia Fandiño Ricart (Santiago, 24 de agosto de 1914 – La Coruña, 30 de enero de 1983).

Las dos hermanas se convirtieron en personajes populares de la ciudad debido a que realizaban un paseo diario por la Zona Vella (casco antiguo de Compostela), durante los años cincuenta y sesenta, vestidas y maquilladas de manera excéntrica, mientras flirteaban con los jóvenes universitarios. Este paseo, que tenía lugar a las dos de la tarde en punto (de ahí uno de sus apodos), hora en que la mayoría de estudiantes se dirigían a comer y, por tanto, cuando más actividad había por las calles del centro de Santiago. Era todo un acontecimiento por el contraste que suponía el ambiente gris que reinaba en España durante la dictadura de Franco.

Oh, As Marías: así eran, tal como las ves en las fotos. Tres años estudié en Santiago, entre 1967-1970. Raro el día que no se las veía pero eso también significa que, al menos algunas, no nos hacíamos demasiadas preguntas. Supongo que alguna vez pregunté y que alguien me dijo que estaban loquitas, las pobres. Así es como yo las veía, con ese algo de simpatía y compasión que despertaban. Las 2 de la tarde era ,en Santiago, entonces, un momento de bulla importante: salíamos de clase y nos íbamos de bares una media horita. Muchas, con la tacita de ribeiro acabábamos comiendo porque las tapas de ensaladilla eran verdaderas raciones. [Luz Pichel]

Coralia, la menor y más alta, era tímida y poco habladora, mientras que Maruxa, más pequeña aunque de más edad, era la que llevaba la voz cantante. Apodadas las Marías, fueron también calificadas como «locas» y «solteronas». Lo que se conoce como uno de los íconos más representativos de la ciudad de Santiago de Compostela, obedece a un proceso de maltrato social e institucional, amparado por el régimen del general Francisco Franco.

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Coralia y Maruxa

La familia Fandiño Ricart estaba formada por la costurera Consuelo Ricart y el zapatero Arturo Fandiño, que tuvieron trece hijos (de los cuales once superaron la primera infancia). Maruxa (/marúsha/, María Fandiño Ricart) fue el cuarto hijo y Coralia (María Argentina Coralia Fandiño Ricart) fue el duodécimo. El taller de zapatería se encontraba en la calle Algalia de Arriba n.º 32. Vivían y trabajaban en la calle Espíritu Santo, en Santiago de Compostela.

En 1925, la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), de ideología anarquista, abrió su sede regional en Santiago de Compostela. A los quince años de edad, el combativo Manolo Fandiño Ricart ―de profesión pintor― se convirtió en su secretario general. Sus dos hermanos Alfonso y Antonio también se volvieron militantes del movimiento anarquista.

En Santiago se vivía un clima de animación y esperanza. Las hermanas Fandiño paseaban por las calles vestidas con ropas hechas en su casa, con telas de colores brillantes y alegres. Los estudiantes galleguistas republicanos las llamaban «Libertad, Igualdad y Fraternidad», y los estudiantes católicos de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), «Fe, Esperanza y Caridad».

Sin embargo, el sueño revolucionario fue ahogado en sangre el 18 de julio de 1936. La represión franquista fue feroz. El odio, la opresión, el asesinato y el miedo golpearon a la familia Fandiño Ricart. Los hermanos lograron escapar. Al principio tuvieron mejor suerte que el editor Ángel Casal, el escritor Camilo Díaz Baliño, la Recachanta, el abogado Narciso Vidal Fraga, los Hermanos Pasín y muchos más, que en esos días aparecieron asesinados en zanjas. Durante la Guerra civil, Antonio adquirió una alta responsabilidad en la organización.

Manolo Fandiño se mantuvo escondido durante años. Antonio ―sindicado como «anarcosindicalista»― huyó al monte Pedroso (cerca de la ciudad). Finalmente fue descubierto, torturado y encarcelado durante veinte años por los franquistas. El tercer hermano, Alfonso, huyó poco días después del golpe en un barco que salió del puerto de Muros. La pesadilla para las hermanas comenzó cuando los falangistas trataron de utilizar a la familia para averiguar su paradero. A horas intempestivas de la noche, llegaba la Policía Social a la casa de los Fandiño, registraban y desbarataban la vivienda, desnudaban en la vía pública a las hermanas para humillarlas y las subían al monte Pedroso de Santiago. «No está demostrado, pero hay gente que afirma que las llegaron a torturar e incluso a violar», explica Rivadulla.

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Rivadulla ―autor de un documental sobre las hermanas (2008)― señala que esos malos tratos continuados fueron la causa de la locura que ambas sufrieron, porque «antes no eran así». Finalmente los hermanos huidos fueron arrestados y cesó la presión sobre las Fandiño.

Tiempo después, Alfonso ―que había huido en barco― apareció de nuevo en La Coruña, militando en la clandestinidad,10 y finalmente fue encarcelado en el penal de Santoña y posiblemente murió en prisión.

No está claro si las dos hermanas pertenecieron al movimiento anarquista, pero se sabía que su ideología era claramente de izquierda. El periodista Borobó (Raimundo García Domínguez) sostenía que habían sido miembros de la CNT, como sus hermanos, y que habían llevado a cabo tareas de enlace con sindicalistas escapados de Galicia.

Las mujeres de la casa, la madre y las hermanas, tuvieron que vivir durante décadas entre las amenazas, el aceite de ricino, el cabello rapado, los falangistas que llegaban a cualquier hora del día y de la noche a su casa, para violar la privacidad y dignidad de las familias pobres y las mujeres en general.

En 1945 reapareció su hermano Manolo Fandiño, militando en la clandestinidad.

A inicio de los años cincuenta, Antonio Fandiño fue liberado muy enfermo tras veinte años de prisión, y falleció en casa de sus hermanas a causa de los años de malos tratos en cautiverio.

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Las Dos en Punto

Las llamaron «rojas» (‘comunistas’, aunque eran anarquistas), las trataron de «putas». A partir de entonces, el trabajo desapareció como medio de sustento y dignidad, el hambre se hizo presente en su vida cotidiana. Vivían en la Rúa del Medio, en esos años cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta, donde solo había oscuridad, miedo y silencio. El triángulo inquisidor formado por Falange, Iglesia y Ejército en el franquismo triunfante después de la guerra destruyó su fragilidad mental. Las tres hermanas Maruxa, Coralia, y Sarita salían juntas a caminar. Sarita falleció joven.

Las dos hermanas cayeron en la pobreza después de que los residentes de la ciudad dejaron de hacer pedidos al taller de costura «por ser una familia anarquista, por miedo a significarse» (que la policía los vinculase con ellas). Más allá de este temor, los compostelanos en general sentían simpatía por ellas, y cuando terminó la guerra las hermanas ―que ya vivían solas en su casa― vivieron de la caridad de los vecinos. Los que querían ayudarlas no les daban limosna directamente, sino que compraban comida, especialmente en la tienda de importación Carro, ubicada en la Plaza del Toural, donde el dueño, Tito Carros, se las alcanzaba con la excusa de que eran «promociones» de empresas y no caridad.

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Las dos hermanas Fandiño fueron las mujeres más conocidas y fotografiadas de Compostela. Maruxa y Coralia ―que siempre se había querido llamar Rocío―, lograron crear un mecanismo de defensa para sobrevivir: se volvieron locas, y en su locura recuperaron el sueño de la juventud. Siempre escuálidas, como si vivieran en un campo de concentración, sin dientes, se vistieron de luz y color, llenas de maquillaje como si se tratase de una representación de máscaras: polvo de arroz, colorete y carmín en ese Santiago de la mediocridad, la miseria y el terror. Cada día, al mismo tiempo, marcadas por la campana Berenguela de la Catedral de Santiago de Compostela, en el verano iban por la calle del Espíritu Santo hasta el Paseo en el Toural, en el invierno en las arcadas de la calle del Vilar, desafiado al tiempo gris y la mente de la gente con su luz de la antorcha permanentemente. E incluso cuando algunos estudiantes querían, con una galantería burlona, acercarse a estas máscaras de color, ellas, con la dignidad recuperada y la fuerza de la locura rechazaban ese «cortejo» diciendo en español: «¡Tú ya tienes!».

Según Fermín Bescansa, en una ocasión una tormenta les arruinó el techo de su casa, y se organizó una colecta que reunió un cuarto de millón de pesetas, que en ese momento era el valor de un apartamento.

Maruxa falleció en Santiago de Compostela el 13 de mayo de 1980, a los 82 años.

Coralia se fue a vivir con otra hermana al puerto de La Coruña (75 km al norte), ciudad a la que nunca se adaptó. Murió dos años más tarde ―el 30 de enero de 1983, a los 68 años de edad― después de preguntar muchas veces cuál era el camino para volver a Santiago.

Hasta 2014, ambas se encontraban enterradas en tumbas separadas y alejadas en el compostelano cementerio de Boisaca.3 Maruxa en la tumba número 991, con tres de sus hermanos y su madre. Coralia, en la tumba 3196, con su padre.

En mayo de 2014, debido a la degradación de las sepulturas, la asociación Ateneo de Santiago realizó una colecta popular que reunió fondos para rehabilitar el sepulcro, instalar sus restos mortales juntos, como ellas querían, y colocar una placa de recuerdo.

Las Marías. Wkipedia.org

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“Manifestaron su locura mostrándose rebeldes contra la sociedad”, afirma el autor. Las Marías nunca pasaron desapercibidas, no sólo por su llamativa vestimenta y sus rostros maquillados con polvos de arroz, sino por su actitud. “Ellas piropeaban a los hombres algo que, por supuesto, no se le ocurría a ninguna otra mujer. Siempre manifestaban que todos los hombres se enamoraban de ellas y flirteaban con los estudiantes”. En contra de lo que pueda parecer, eran muy diferentes: Coralia, la menor y más alta, era tímida y poco habladora, mientras que Maruxa, más pequeña aunque de más edad, era la que llevaba la voz cantante.

La opinión del autor del documental es que las hermanas desempeñaron, posiblemente sin saberlo, una papel fundamental en esa época de represión. “Mucha gente que se sentía ahogada por el régimen y que no se rebelaba por temor a represalias, veían en Las Marías ese grito de libertad”.

 

María Fábregas. El País. 17 ABR 2008

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Monumento a Las Marías en La Alameda, en Compostela

Dedicado a las Dos Marías o a Las Dos en Punto hay en Santiago un monumento creado por César Lombera, frecuentado por grandes y pequeños, sufriendopor igual vandalismo y homenajes, me parece una gran obra de arte público.

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Actos vandálicos en la escultura de Las Dos Marías

 

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Flores para Maruxa e Coralia, mulleres represaliadas, 2012. [Foto  CC BY-SA Merixo ]
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Las Marías, el niño y la poda definifiva
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