Religión de la madre y el hijo

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“Debut de Carmen , es la 5 generación que torea en nuestra familia . Mi abuelo toreo así con mi padre . Mi padre toreo así conmigo , y yo lo he hecho con mis hijas Cayetana y ahora con Carmen” #orgullodesangre

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Estancado aparentemente en el tiempo, el simbolismo de la cultura popular continúa vehiculando un mensaje interminabe que obsesivamente repite y obliga a aprender horribles historias del sexo, del amor y de la muerte de los hombres y los dioses.

Esa cutura es otra, y es otra su religión. Es, sobre todo, la cultura de las madres y la religión de las madres, que los hijos (todos los varones lo son en las clases populares españolas) dolorosa y orgullosamente cumplen.

La fiesta popular (la que crea o la que secuestra al pueblo) es la exaltación de una organización del mundo, violentamente fundada, que supone la hegemonía de la comunidad sobre sí misma […] No hay desorden en las fiestas, sino exaltación y rejuvenecimiento de un orden diferente; no hay descontrol sino ejercicio de un poder que no es el de los poderosos.

En casi todas las expresiones que ha tomado (del isismo a la brujería, de los cultos adonaicos a la veneración de la Virgen), y también ahora, la religión popular ha sido, por sus contenidos, y por el mismo componente humano de su práctica la religión de las mujeres. Allí se ha instituido la latencia de su ancestralmente temido poder. Y ése es también el sentido de persecución o marginamiento.

Hoy, el combate contra las taurolatrías cobra esa misma dirección: la del proceso de destrucción de la vieja religión de la madre y el hijo, de la casa, de la comunidad reconocible y la imposición, también entre las clases populares, y las más reacias a ello, de un único modelo de orden y poder, que no es otro que el patriarcal, naturalmente adecuado al proyecto de mundo diseñado desde arriba para las grandes sociedades jerarquizadas, estratificadas, sometidas a control estatal.

Lo femenino radical como sedición. El reino de la madre está en las antípodas del reino del Estado y en el estruendoso imperio del desamor aún alguien pronuncia y alguien escucha palabras inolvidadas.

[“De la muerte de un dios. La fiesta de los toros en el universo simbólico popular”. Manuel Delgado. Nexos, 1986.]

No no /  ven sueño. / Duerme pequeño, tu madre te mece, / has de crecer muy deprisa; / hazte fuerte, / para la muerte / ¿Serás bravo o de paz? / ¿Serás carne de matadero o mártir nacional? / Es igual / Basta todo / para un toro. / Ahora soñar, ternerito / No no / ven sueño.

[Pere Quart. “Una vaca amb un vedellet en braços”, cantada por Raimon]

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“Es hora de llevar lo que hay en la calle a las instituciones y que esta Cámara se parezca más a nuestro país”
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