
Me pregunto cómo se van a combinar las fuerzas de lucha activas en Francia/París a propósito de la oposición de la Reforma Laboral [loi travail o loi El Khomri] del Partido ‘Socialista’ Francés.
Durante estas semanas pasadas vimos un trabajo muy fuerte de los ‘zadistas‘ y autónomos (como el recién fundado Comité 16 de Marzo, que lanzó el panfleto El mundo o nada) por los bloqueos, ocupaciones de institutos y universidades y el sabotaje urbano (como el ataque a la comisaría de Bergson), amistado también con las luchas en Calais. Pero también, desde anteayer, las plazas tomadas por asambleas y el ‘movimiento’ Nuit Debout. Ambos gestos son un desafío al estado policial declarado a golpe de ley antiterrorista y bajo el pretexto de la seguridad ciudadana.
Quizá la diferencia de perspectivas no es tan clara como desde aquí me lo parece, pero el silencio de medios afines a los procesos destituyentes (como lundi.am, cercano al Comité Invisible y su círculo intelectual Coupat, Hazan y cía.) podría dar a ver que una fractura comienza a larvarse en las luchas francesas con la aparición de este movimiento ‘ciudadano’ de las plazas, abiertamente no violento y constituyente (se han propuesto redactar una Constitución de la República Social) que tanto nos recuerda a Madrid/Plaza Catalunya… y otros ecos europeos de las luchas que estallaron en el Mediterráneo árabe. La novedad de París respecto a aquellas plazas del 2011 es que muchas de las movidas surgidas de ellas estan ahora actuando allá como en un backtofuture, como el grupo de Podemos París que está participando ampliamente en la organización de las comisiones.
No son pocos l_s amig_s que marcharon a ver qué pasa por París. De momento sabemos, además de que la acción fue organizada por un colectivo vinculado a una película, y que según cuentan los periodistas en la Plaza de la República hay una mayoría de jóvenes de clase media y blanca y son mayormente los hombres los que toman la voz. Pero desde aquí es difícil saberlo aunque sí pueden verse imágenes que mostrarían que esto no sería falso.
Ojalá la pluralidad de voces, la diversidad que caracteriza lo social se traduzca también en una diversidad de caracteres y perspectivas de lucha. Es lo que creo no hubo por aquí. ¿O sí? En Madrid al menos a mi me parece no lo hubo. Enseguida se hegemonizaron unas formas (paradójicamente bajo el pretexto de la inclusividad) y pronto, ya se sabe, todo giró hacia el parlamentarismo y la participación ciudadana (y aún así recordamos estallidos más incontrolados como el del 25S) aunque sería muy ingenuo pensar que había algo así como un proceso revolucionario verdadero en marcha sólo porque hubo algunos momentos más ‘descontrolados’.
En cualquier caso, la destrucción y destitución del viejo mundo que nos asfixia y la construcción y constitución de uno nuevo no tienen por qué ser quizá procesos antagónicos: antes al contrario, podrían tratarse de dimensiones complementarias, pero para ello quizá es fundamental que una perspectiva no anule a la otra: una se encuentra en peligro de ser criminalizada, tachada de nihilista y violenta y la otra se encuentra en peligro de ver rebajada su potencia por tomarse como un gesto inofensivo y pusilánime. Sólo algunas revoluciones parecen haber entendido bien esa doblez gestual.
Lo que es cierto es que la ocupación popular del espacio público “es una idea nueva en Francia”.



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Update: primeras impresiones de lundi.am sobre Nuit Debout en la línea de lo que decíamos arriba : “Ceci n’est pas un mouvement” [francés]
Un « mouvement », pour tout le personnel d’encadrement à quoi se réduit cette société, est une chose rassurante. Il a un objet, des revendications, un cadre, donc des porte-parole patentés et des négociations possibles. Il n’est ainsi jamais difficile, sur cette base, de faire le partage entre le « mouvement » et ceux qui en « débordent » le cadre, de rappeler à l’ordre ses éléments les plus déterminés, sa fraction la plus conséquente. On les qualifiera opportunément de « casseurs », d’« autonomes », de « nihilistes », quand il est si patent que ceux qui sont là pour casser les dynamiques, ce sont justement les nihilistes qui n’y voient qu’un tremplin pour leurs futurs postes ministériels – tous les Valls, Dray et autres Julliards. Couper un « mouvement » de sa pointe la plus « violente », c’est toujours une façon de l’émasculer, de le rendre inoffensif et pour finir de le tenir sous contrôle. Les mouvements sont effectivement faits pour mourir, même victorieux.






Tras las Revolución francesa, las jugueterías lanzaron al mercado una versión en juguete de las populares guillotines. Se conservan algunas de estas máquinas como la de la imagen de arriba. No era un modelo sino un juguete distribuido por todo centroeuropa. Goethe, que sabemos criticó suficientemente las revoluciones violentas, quiso regalarle una de estas pequeñas guillotinas a su hijo August. En diciembre de 1793 le pide a su madre por carta, que está en Frankfurt qu consiga una de esas guillotinas. La madre le respondió “Querido hijo, cualquier cosa que pueda hacer para complacerte la haré con mucho gusto y alegría pero comprar tal infame máquina de asesinar no lo haré bajo ningún precio. Si tuviera la autoridad, su fabricante debería ser engrillado y expondría la maquina públicamente para ser quemada por su verdugo. ¡Venga! Dejar que el niño juegue con algo así de horrible ¿puesto en sus manos para el juego del derramamiento de sangre? ¡No! Eso no va a suceder!”
En el El Estado Mental.
[[[Antonio Ballester Moreno hizo un Saturno espeluznante para encabezarlo]]]

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Un libro importantísimo para todas aquellas personas preocupadas y concernidas por la pedagogía libre, la vida en el campo, las formas de vida populares y, diría más, la relación entre el arte y la política, ha sido recuperado y reeditado por Aku Estebaranz y Ainhoa Zufraitegui, autorxs también del imprescindible blog Arqueología de las imágenes. [[[Acérquense a ver el blog de estos coleccionistas de contemplaciones. Las imágenes fotográficas antiguas que han recuperado ponen algunas cosas en otro lado, no sólo la mirada misma sobre esta región segoviana de la Sierra de Guadarrama, sino también la idea que tenemos respecto del mundo y de la historia]]]
El autor y su libro ahora recuperado se llaman:

Y él mismo, presenta su propia obra:

y así lo hace también al librero:

Pablo de A. Cobos, maestro rural de La Granja [*] es un desconocido. Lo era al menos para mí y para alguna gente que conozco sensible a estos temas y del que nunca me hablaron, y del que nunca supe hasta que hace un año descubrí un proyecto de crowdfounding que buscaba pasta para reeditar una obra que me sorprendió de inmediato. Los dibujos de Miguel Prieto, eran una maravilla, pero tras el año de trabajo de lxs editorxs, ahora que tengo el cofrecillo con el fascímil y la edición crítica en mis manos, puede decirse que el peso de esta obra es mayor que el mero hecho de ser ya una belleza material, que no es poca cosa. La posición, la mirada, la perspectiva y la sensibilidad que Pablo de Andrés Cobos desarrolla en este trabajo es tan hermosa como potente y pese a la fragilidad desde la que han trabajado, dos editorxs han venido a rescatarlo, testimonio material de una emancipación de ayer que sin duda puede orientar el hoy.
Su autor estuvo vinculado a la Institución Libre de Enseñanza y formaba parte de lo que se llamó Edad de Plata de la pedagogía segoviana. Antonio Machado y otrxs andaban por la región… Tras un viaje de unos meses por las nuevas escuelas modernas, republicanas y laicas de una España difícil de imaginar hoy, de vuelta a su pueblo, además de poner en marcha una revista fundamental para conocer las preocupaciones de la renovación pedagógica de los treinta –Escuelas de España que se edita desde 1929 hasta el comienzo de la Guerra- ; Pablo de A. Cobos reajustó también su mirada sobre el paisaje en el que creció, pero no para recordarle al pueblo la modernización de la que estaba excluído, sino para cumplir con sinceridad aquel lema de las Misiones Pedagógicas en las que participó: “Necesitamos un pueblo” [*] y poniendo ese digno cronotopos en valor, tan sitiado por los prejuicios, mitos y exageraciones de toda clase.
Ainhoa Estebaranz dijo a Pablo Elorduy en una entrevista [*] que “Décadas antes de que el pedagogo brasileño Paulo Freire formule su Pedagogía del oprimido, defendiendo la alfabetización ligada a la revalorización crítica de la cultura en que vive el sujeto que se educa (el “educando”); Cobos junto a un grupo de maestros/as segovianas, entienden que los alumnos de la escuela primaria deben ser educados partiendo de sus vivencias cotidianas”.

Tuvimos la suerte de acercarnos a La Granja hace ya unas semanas a la presentación del libro. Cruzamos al otro lado la sierra los Siete picos que nos hacen de frontera, hicimos esa bajada desde Navacerrada tan alucinante [Alfredo el valenciano de Suiza, Jorge el griego de Moyano y Lara la austriaca de Abrantes] hacia Valsaín y allá nos encontramos un auditorio a rebosar….. Fue una presentación curiosa por el ambiente oficial e institucional pero también por la amigable familaridad que se percibía entre toda la gente de la sala, como si La Granja efectivamente tuviera aún su pueblo. Fue una especie de reparación histórica, si se mira así, celebrada en el mismo auditorio del Ayuntamiento del antiguo redil serrano de los poderosos. Ahora gracias a estos editores sabemos lo que fue también la Segovia emancipadora y emancipada, que nos trae una imagen bien distinta a la imagen conservadora o embrutecida que se impone casi siempre cuando se habla de los pueblos o la ruralidad y es que hay que ser muy delicado y muy poco bruto para gabarrear en un rebollar o un pinar. La conservación histórica de Aku y Ainhoa, su arqueología es, dicho con mucha modestia, revolucionaria. Se trata, como dijo Ainhoa al final de una presentación emocionante y fantásticamente timoneada por Aku, y si no recuerdo mal, de reconocer que estamos vivos y que la compañía de eso que ponemos abajo y sobre lo que nos señoreamos, niñxs o pueblos, puede ayudar a conservar esa vida y enseñarnos saberes para resistirnos a los peor. A continuar, pues.
Pablo de A. Cobos fue detenido casi al tiempo del levantamiento fascista y llevado de cárcel a cárcel por España hasta que años después termina -como tantos otros intelectuales amputados a la sociedad por el régimen que se impuso; Cansinos Assens, se me ocurre- en una academia preparando opositores, aunque no dejó de escribir sobre el mundo y los poetas de la vida que conoció antes de la dictadura. Su libro sobre la aldea fue confiscado y prohibido y sólo llegó a circular durante un par de años y hoy, ochenta años después, se nos aparece otra vez para todxs, con su diccionario de pueblo, sus imágenes de palabras y tinta, bellas como manantiales, pues brotan como ellos. Ojalá las bibliotecas de todos los pueblos y ciudades lo compren para lxs que no tienen con qué comprarlo. Yo metí sólo unos euros en esta historia, nunca antes lo había hecho y en fin, me siento orgulloso de haber ayudado en esto dentro de mis posibilidades que son muy limitadas, pero bueno, hay todo un coro griego ahí que ha puesto sus monedicas para decirle a la ciudad lo que pueden los pueblos. De verdad que emociona ver esa primera página de gente que ayudó a hacer esto.

Mañana a las 19:30 en el Centro Segoviano en Madrid [ C/ Alburquerque, 14] tendrá lugar la primera presentación en la gran ciudad y esto merece mucho la pena. Os lo prometo.
Seguro que más adelante no me puedo resistir la tentación que incluir algunas notas del trabajo crítico que acompaña a la publicación original. Pero vayan a conocer a esta gente. Huelen a pueblo.
“Se trata de una escena totalmente inexistente para la tradición, más propia de la cámara fotográfica de un documentalista o un reportero. Podría haberse quedado Brueghel en la previsible postal navideña: un burgo nevado con su oportuno estanque para deslizarse, unos campesinos que hacen la matanza del cerdo y unas gallinas que picotean lo que pueden, los niños jugando según mandan los cánones invernales, el trasiego de la gente que a pesar del frío y la pobreza aún tienen sus mofletes colorados. Pero el pintor prefiere enseñarnos la retaguardia de esta felicitación de año nuevo, el recuento de individuos que configuran la población estadística de Belén.
¿Por qué cometer tantas incongruencias en un solo cuadro? ¿Por qué llamarle Belén a una aldea seguramente ubicada en el paisaje de Brabante, cerca de Flandes? ¿Por qué obligar al asno, al buey, a José el carpintero y a la mismísima Virgen María, quien sabe si también al Niño Jesús escondido bajo su pecho congelado, a cumplir con el ritual burocrático del censo? ¿No es acaso la Navidad ese estado de excepción donde se desdibujan los finos límites entre la violencia del Estado de derecho y los abusos gastronómicos, entre la contumacia de la administración pública y la paz y el amor de los ciudadanos? ¿Es que en 1566 no se indultaba a los presos por Nochebuena?
Siendo inocentes o combativos —cómo no ser del todo las dos cosas a la vez— diríamos que Brueghel comprendía a su manera que estaba tuneando el relato bíblico y pasándose por el forro del pincel los evangelios, las cronologías e, incluso, el sentido común navideño. Siendo más combativos que inocentes —por qué no meterse en ciertos problemas— diríamos que incluso Dios necesita su correspondiente partida de nacimiento, que si las turbas hacen cola en el Juicio Final para presentar los papeles de extranjería, para ser admitidos en los nuevos territorios que vendrán, no resulta estrafalario que Cristo deba personarse ante un par de funcionarios durante sus primeros días en este mundo”.


Las Dos en Punto

Las Marías, Las Dos Marías, Las Dos en Punto o Cara de Palo es el nombre con que se conocía en Santiago de Compostela a la pareja formada por las hermanas Maruxa (Santiago, 4 de enero de 1898 – ibídem, 13 de mayo de 1980) y Coralia Fandiño Ricart (Santiago, 24 de agosto de 1914 – La Coruña, 30 de enero de 1983).
Las dos hermanas se convirtieron en personajes populares de la ciudad debido a que realizaban un paseo diario por la Zona Vella (casco antiguo de Compostela), durante los años cincuenta y sesenta, vestidas y maquilladas de manera excéntrica, mientras flirteaban con los jóvenes universitarios. Este paseo, que tenía lugar a las dos de la tarde en punto (de ahí uno de sus apodos), hora en que la mayoría de estudiantes se dirigían a comer y, por tanto, cuando más actividad había por las calles del centro de Santiago. Era todo un acontecimiento por el contraste que suponía el ambiente gris que reinaba en España durante la dictadura de Franco.
Oh, As Marías: así eran, tal como las ves en las fotos. Tres años estudié en Santiago, entre 1967-1970. Raro el día que no se las veía pero eso también significa que, al menos algunas, no nos hacíamos demasiadas preguntas. Supongo que alguna vez pregunté y que alguien me dijo que estaban loquitas, las pobres. Así es como yo las veía, con ese algo de simpatía y compasión que despertaban. Las 2 de la tarde era ,en Santiago, entonces, un momento de bulla importante: salíamos de clase y nos íbamos de bares una media horita. Muchas, con la tacita de ribeiro acabábamos comiendo porque las tapas de ensaladilla eran verdaderas raciones. [Luz Pichel]
Coralia, la menor y más alta, era tímida y poco habladora, mientras que Maruxa, más pequeña aunque de más edad, era la que llevaba la voz cantante. Apodadas las Marías, fueron también calificadas como «locas» y «solteronas». Lo que se conoce como uno de los íconos más representativos de la ciudad de Santiago de Compostela, obedece a un proceso de maltrato social e institucional, amparado por el régimen del general Francisco Franco.

La familia Fandiño Ricart estaba formada por la costurera Consuelo Ricart y el zapatero Arturo Fandiño, que tuvieron trece hijos (de los cuales once superaron la primera infancia). Maruxa (/marúsha/, María Fandiño Ricart) fue el cuarto hijo y Coralia (María Argentina Coralia Fandiño Ricart) fue el duodécimo. El taller de zapatería se encontraba en la calle Algalia de Arriba n.º 32. Vivían y trabajaban en la calle Espíritu Santo, en Santiago de Compostela.
En 1925, la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), de ideología anarquista, abrió su sede regional en Santiago de Compostela. A los quince años de edad, el combativo Manolo Fandiño Ricart ―de profesión pintor― se convirtió en su secretario general. Sus dos hermanos Alfonso y Antonio también se volvieron militantes del movimiento anarquista.
En Santiago se vivía un clima de animación y esperanza. Las hermanas Fandiño paseaban por las calles vestidas con ropas hechas en su casa, con telas de colores brillantes y alegres. Los estudiantes galleguistas republicanos las llamaban «Libertad, Igualdad y Fraternidad», y los estudiantes católicos de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), «Fe, Esperanza y Caridad».
Sin embargo, el sueño revolucionario fue ahogado en sangre el 18 de julio de 1936. La represión franquista fue feroz. El odio, la opresión, el asesinato y el miedo golpearon a la familia Fandiño Ricart. Los hermanos lograron escapar. Al principio tuvieron mejor suerte que el editor Ángel Casal, el escritor Camilo Díaz Baliño, la Recachanta, el abogado Narciso Vidal Fraga, los Hermanos Pasín y muchos más, que en esos días aparecieron asesinados en zanjas. Durante la Guerra civil, Antonio adquirió una alta responsabilidad en la organización.
Manolo Fandiño se mantuvo escondido durante años. Antonio ―sindicado como «anarcosindicalista»― huyó al monte Pedroso (cerca de la ciudad). Finalmente fue descubierto, torturado y encarcelado durante veinte años por los franquistas. El tercer hermano, Alfonso, huyó poco días después del golpe en un barco que salió del puerto de Muros. La pesadilla para las hermanas comenzó cuando los falangistas trataron de utilizar a la familia para averiguar su paradero. A horas intempestivas de la noche, llegaba la Policía Social a la casa de los Fandiño, registraban y desbarataban la vivienda, desnudaban en la vía pública a las hermanas para humillarlas y las subían al monte Pedroso de Santiago. «No está demostrado, pero hay gente que afirma que las llegaron a torturar e incluso a violar», explica Rivadulla.

Rivadulla ―autor de un documental sobre las hermanas (2008)― señala que esos malos tratos continuados fueron la causa de la locura que ambas sufrieron, porque «antes no eran así». Finalmente los hermanos huidos fueron arrestados y cesó la presión sobre las Fandiño.
Tiempo después, Alfonso ―que había huido en barco― apareció de nuevo en La Coruña, militando en la clandestinidad,10 y finalmente fue encarcelado en el penal de Santoña y posiblemente murió en prisión.
No está claro si las dos hermanas pertenecieron al movimiento anarquista, pero se sabía que su ideología era claramente de izquierda. El periodista Borobó (Raimundo García Domínguez) sostenía que habían sido miembros de la CNT, como sus hermanos, y que habían llevado a cabo tareas de enlace con sindicalistas escapados de Galicia.
Las mujeres de la casa, la madre y las hermanas, tuvieron que vivir durante décadas entre las amenazas, el aceite de ricino, el cabello rapado, los falangistas que llegaban a cualquier hora del día y de la noche a su casa, para violar la privacidad y dignidad de las familias pobres y las mujeres en general.
En 1945 reapareció su hermano Manolo Fandiño, militando en la clandestinidad.
A inicio de los años cincuenta, Antonio Fandiño fue liberado muy enfermo tras veinte años de prisión, y falleció en casa de sus hermanas a causa de los años de malos tratos en cautiverio.

Las llamaron «rojas» (‘comunistas’, aunque eran anarquistas), las trataron de «putas». A partir de entonces, el trabajo desapareció como medio de sustento y dignidad, el hambre se hizo presente en su vida cotidiana. Vivían en la Rúa del Medio, en esos años cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta, donde solo había oscuridad, miedo y silencio. El triángulo inquisidor formado por Falange, Iglesia y Ejército en el franquismo triunfante después de la guerra destruyó su fragilidad mental. Las tres hermanas Maruxa, Coralia, y Sarita salían juntas a caminar. Sarita falleció joven.
Las dos hermanas cayeron en la pobreza después de que los residentes de la ciudad dejaron de hacer pedidos al taller de costura «por ser una familia anarquista, por miedo a significarse» (que la policía los vinculase con ellas). Más allá de este temor, los compostelanos en general sentían simpatía por ellas, y cuando terminó la guerra las hermanas ―que ya vivían solas en su casa― vivieron de la caridad de los vecinos. Los que querían ayudarlas no les daban limosna directamente, sino que compraban comida, especialmente en la tienda de importación Carro, ubicada en la Plaza del Toural, donde el dueño, Tito Carros, se las alcanzaba con la excusa de que eran «promociones» de empresas y no caridad.

Las dos hermanas Fandiño fueron las mujeres más conocidas y fotografiadas de Compostela. Maruxa y Coralia ―que siempre se había querido llamar Rocío―, lograron crear un mecanismo de defensa para sobrevivir: se volvieron locas, y en su locura recuperaron el sueño de la juventud. Siempre escuálidas, como si vivieran en un campo de concentración, sin dientes, se vistieron de luz y color, llenas de maquillaje como si se tratase de una representación de máscaras: polvo de arroz, colorete y carmín en ese Santiago de la mediocridad, la miseria y el terror. Cada día, al mismo tiempo, marcadas por la campana Berenguela de la Catedral de Santiago de Compostela, en el verano iban por la calle del Espíritu Santo hasta el Paseo en el Toural, en el invierno en las arcadas de la calle del Vilar, desafiado al tiempo gris y la mente de la gente con su luz de la antorcha permanentemente. E incluso cuando algunos estudiantes querían, con una galantería burlona, acercarse a estas máscaras de color, ellas, con la dignidad recuperada y la fuerza de la locura rechazaban ese «cortejo» diciendo en español: «¡Tú ya tienes!».
Según Fermín Bescansa, en una ocasión una tormenta les arruinó el techo de su casa, y se organizó una colecta que reunió un cuarto de millón de pesetas, que en ese momento era el valor de un apartamento.
Maruxa falleció en Santiago de Compostela el 13 de mayo de 1980, a los 82 años.
Coralia se fue a vivir con otra hermana al puerto de La Coruña (75 km al norte), ciudad a la que nunca se adaptó. Murió dos años más tarde ―el 30 de enero de 1983, a los 68 años de edad― después de preguntar muchas veces cuál era el camino para volver a Santiago.
Hasta 2014, ambas se encontraban enterradas en tumbas separadas y alejadas en el compostelano cementerio de Boisaca.3 Maruxa en la tumba número 991, con tres de sus hermanos y su madre. Coralia, en la tumba 3196, con su padre.
En mayo de 2014, debido a la degradación de las sepulturas, la asociación Ateneo de Santiago realizó una colecta popular que reunió fondos para rehabilitar el sepulcro, instalar sus restos mortales juntos, como ellas querían, y colocar una placa de recuerdo.
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“Manifestaron su locura mostrándose rebeldes contra la sociedad”, afirma el autor. Las Marías nunca pasaron desapercibidas, no sólo por su llamativa vestimenta y sus rostros maquillados con polvos de arroz, sino por su actitud. “Ellas piropeaban a los hombres algo que, por supuesto, no se le ocurría a ninguna otra mujer. Siempre manifestaban que todos los hombres se enamoraban de ellas y flirteaban con los estudiantes”. En contra de lo que pueda parecer, eran muy diferentes: Coralia, la menor y más alta, era tímida y poco habladora, mientras que Maruxa, más pequeña aunque de más edad, era la que llevaba la voz cantante.
La opinión del autor del documental es que las hermanas desempeñaron, posiblemente sin saberlo, una papel fundamental en esa época de represión. “Mucha gente que se sentía ahogada por el régimen y que no se rebelaba por temor a represalias, veían en Las Marías ese grito de libertad”.
María Fábregas. El País. 17 ABR 2008
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Dedicado a las Dos Marías o a Las Dos en Punto hay en Santiago un monumento creado por César Lombera, frecuentado por grandes y pequeños, sufriendopor igual vandalismo y homenajes, me parece una gran obra de arte público.




Gora Titiriteros / Libros para leer deprisa nº5.

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niños / terroristas / policías / jueces

Dos titiriteros han entrado en la cárcel acusados de enaltecimiento de terrorismo. Hicieron una función de guiñol de cachiporra para la gente en el barrio de Tetuán, dentro de la programación del Ayuntamiento de Madrid, en la que se denunciaban los montajes mediático-policiales-judiciales, pero he aquí que ellos mismos han acabado presos y enmarañados en un montaje como los que denunciaban [*], enviados a prisión por un juez excomisario de policía que ha estado involucrado en asuntos muy turbios [* y * y * y *].
Tenemos una justicia anidada a una noción de delito que sabemos contempla cualquier denuncia o reclamo de derecho, por inofensivo que parezca, como un acto terrorista y se recuerda a los niños (o a la gente) que existe la policía, como el hombre del saco, cuando quiere oponerse a la del niño una voluntad y un poder mayor. Pero nunca encontramos al coco por ningún lado, y sin embargo sí nos topamos hoy con la policía por todos. Habremos oído también a alguna madre o a algún padre afirmar con ternura que sus hijitos son pequeños terroristas. El hecho de que la figura del policía y el terrorista sean de forma cotidiana y doméstica dispuestas junto a los niños, nos lleva a pensar no sólo en la profunda interiorización familiar de las lógicas de dominio y poder, sino también en el abismo que separa a estas figuras de la del niño: de un lado toda la fragilidad, la vulnerabilidad (todo puede hacerse con los niños, pues su resistencia frente a nuestra fuerza es diminuta) de otro toda la brutalidad e insensibilidad (policías y terroristas pueden hacer lo que quieran, pues su fuerza frente a nuestra fragilidad desarmada es enorme).
En nombre del bienestar y la seguridad de la infancia, ya se sabe, se realizan toda clase de cálculos y se toman toda clase de precauciones. Pero el problema es que llamamos niño, como llamamos crisis y terrorista tal y como nos recuerda el Comité Invisible, sólo a eso que despreciamos y que pretendemos reestructurar, controlar, dominar o golpear. “Niños malcriados y altaneros” ha dicho hoy Alfonso Guerra sobre Podemos esta misma mañana.
Vehículo de desprecio, excusa para la sanción o el castigo, la idea de infancia que manejamos está permanentemente amenazada por nuestros planes autoritarios. Rehén de nuestras buenas intenciones, víctima de nuestra ‘sutil’ violencia.
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Defensores del alma de los niños / ¿Enemigos de la cultura popular?

La fiscalía, alarmada por la contemplación de escenas que pueden afectar gravemente al desarrollo intelectual y psicosocial de los niños [*] se plantea emprender acciones legales contra la corporación municipal. El ayuntamiento está indignado [*] y aunque no le parece que haya habido enaltecimiento del terrorismo, echa balones fuera haciendo suyos los argumentos de la fiscalía, admitiendo la posibilidad de que se hayan cometido actos ofensivos o lesivos para la sensibilidad. Cesan a un responsable sin darse cuenta que otros les hacen responsables a ellos por los mismos motivos [*], lo que debería hacernos pensar el mecanismo de manipulación que se ejerce en base a la protección de los niños.
A su vez, este falaz razonamiento fue esgrimido al comienzo por unos padres (¡Ay! ¡tan concernidos por las dosis de violencia cotidiana que se ejerce sobre los niños!) que fueron a la policía a denunciar a los cómicos, detonante inicial que puso la maquinaria en marcha, y que no parará hasta que, primero, no se entienda de forma general la clase de excepción narrativa, amorfa, desobediente, libertaria e indisciplinada es carnaval (una fiesta que parece sólo entienden verderamente los niños y que parece no es apta para adultos [*]) y, segundo, hasta que aceptemos que los niños no son tan idiotas como pensamos. Tan sensibles como el resto para la justicia o la injusticia, la bondad o la maldad. Los tratamos siempre incapacitándolos. Y como hacemos con el niño, se hace también con todo lo que se quiera tomar por infantil. Puede que los niños no entendieran nada, pero sus padres…
En cuanto a la cultura popular, recuerdo a Ricardo Doménech, experto en Valle-Inclán, decir que Manzano se estaba cargando las tradiciones de Madrid cuando el alcalde puso mamparas de cristal en Las Vistillas, impidiendo así a los suicidas de la ciudad regenerarse con un vuelo y, al citar a Valle, el viejo profesor acaso nos advertía del esperpento que aún gobernaba nuestra moderna sociedad. En sus clases pudimos conocer lo complicado que fue, durante la transición, generar resistencias culturales al orden impuesto por el franquismo y, frente al debate de la contestación o el posibilismo, él siempre nos puso delante situaciones comprometedoras para los amantes de las tomas rápidas de partido.
El mundo del teatro y el cine ha sido durante un tiempo conocido como el sector que daba voz a la protesta pero es irónico que en la Gala de los Goya que ayer tuvo lugar al tiempo que los titiriteros eran conducidos a Soto del Real, no se escucharan más que dos o tres voces de denuncia ante el abuso y el montaj (hoy, alguno de los premiados difundió anónimamente una foto con su premio en modo protesta *). Como decían en las redes, muchas de las películas que hoy son consideradas obras maestras, expuestas a los ojos de los niños en los museos (como Un perro andaluz o La edad de oro en el Museo Reina Sofía) no pasarían la censura de los políticos [*] de todo signo, que tenemos hoy.
Sería un muy torpe para Ahora Madrid y para la corporación en general llevarse el mérito de haber descafeinado y desconflictuado el guiñol de carnaval, haber permitido que se detuviera en su ciudad durante estas fiestas a unos cómicos que no han hecho más que trabajar su profesión en libertad, y haber despedido a un trabajador que llevaba años esforzándose por su barrio. Presionados por aquellos que hacen un uso de la infancia ignomioso el ayuntamiento replica sus justificaciones, en lugar de defender sin matices la libertad de expresión y de las personas detenidas.
Sin entrar a discutir sobre la idoneidad o no del trabajo artístico que han programado políticos de uno y otro signo [*], la factura estética (que me parece, sí, precaria, artesana, pero cuidada) vale a muchos otros para echar más fuerte el cerrojo de las celdas de los titiriteros. Aunque mucha gente se ponga fina ahora hablando del dudoso gusto de la función guiñolesca (argumento que puede utilizarse para despreciar lo que sea pues ¿quién determinará el buen gusto? ¿los nuevos emprendedores de la cultura “libre”?) creo se trata de un buen ejemplo de un género cultural que ha sido una y otra vez sancionado por los poderes de cualquier signo: la marioneta, el fantoche, el bululú, el títere, la cachiporra, chanzas, jerigonzas carnavalescas, en fin, toda la guasa muñequil, violenta y constestataria, que pueda imaginarse cuando la operan los de abajo. Durante el 15M, vimos muchos de estos gestos. Con la visita del Papa y el loco desfile anticlerical que recorrió todo Madrid, la Cabalgata Indignada, los Ayuntañecos o la zarzuela desobediente El crepúsculo del Ladrillo. Ningún aprendizaje parece haberse hecho. Se gobierna desde arriba, con miedo, cesando al primero que se le adjudica el marrón, evitando pedir a las claras la libertad de los detenidos, desviando la atención sobre la protección de los niños….
Al conservador le parece intolerable ese gesto subversivo de libertad; al progresista no sólo le horroriza el mal gusto de la cultura del pueblo en nombre del cual, como ocurre con los niños, habla; también teme que se descubra el elitismo con el que gobierna cuando dice que lo hace en beneficio de los de abajo y cuyas formas culturales toman como actos de autocomplacencia radical [*] o simplemente como trabajos de mal gusto. Para después acusar a todos los que les critiquen como cómplices de la derecha.
Cito un pasaje de “Títeres con cabeza. Teatro de la crueldad, vanguardia infantil e imaginación social” de Germán Labrador Méndez:
“Es necesario abrir un nuevo escenario para entender las relaciones entre cultura y política en la primera modernidad española, que es el que corresponde a la esfera civil. Esta es una manera inteligente de disolver viejas tensiones entre interpretaciones comprometidas y no comprometidas de artistas. Es una manera de replantear las relaciones entre cultura letrada y cultura no letrada, campo y ciudad, nacional y de importación. […] La poética del guiñol en este contexto nos habla de libertad de expresión, de construcción de nuevas esferas públicas, de preguntas por derechos civiles, por la situación de las mujeres y de la infancia, de intentos de conservación y recuperación cultural, de sostenibilidad y de patrimonio inmaterial. Constituye un tipo de construcción de comunidad que pasa por recrear las relaciones entre sus miembros a través de la experimentación estética, atribuyendo un lugar para el otro y para la lengua del otro.”
Los abanderados de la nueva cultura social, libre y popular parecen saber lo que es bueno para la gente y lo que los niños necesitan, algo que ya pudo verse bajo el pretexto modernizador y ecológico en tiempos de reyes magos [ya hablamos aquí en la mitad del primer post de este blog *]. Ubu rey, o los electroduendes, igual da, hoy no serían apropiados para los niños. “Al parecer empezamos la segunda transición con menos libertades y menos coraje” ha dicho Alba Rico [*] El caso es que se dicta la misma lección: no es adecuado que los niños sepan de la violencia del mundo, lo que es un abuso policial o un desahucio, por ejemplo, pero no pasa nada que vean desfilar la Estrella de la Muerte o los soldados imperiales junto a la Policía [*] o se vuelvan a sus casas con los bolsillos llenos de caramelos y coronas de las grandes corporaciones. Hemos de mantener apartados a los niños de la realidad aunque en todos los sentidos ‘la sufran’ como los demás. Realidad que es fundamentalmente obra de los mayores, hay que decirlo. La protección y responsabilidad de la que todos alardean, parece más bien disimulo de la verdadera irresponsabilidad sobre los derechos fundamentales de la cultura y la sociedad.


Sobre la posición tomada desde el municipalismo [*] en lugar de defender la libertad de expresión y la libertad de elegir como espectador sin merma de la libertad de expresión, el Ayto de Madrid se achanta y cae, como afirma Enmanuel Rodríguez hoy, en las redes de la sucia guerra cultural de la derecha [*] y de sus buenas intenciones progresistas. Una cesión de un trabajador posiblemente injusta [*] En las últimas horas parecen ir moviéndose con prudencia hacia la solidaridad con los detenidos [*] pero se sigue censurando el contenido de la obra y el debate sobre lo que pueden conocer los niños o no sigue congelado [*]. Se puede pedir la libertad de los titiriteros pero no se puede cuestionar la realidad que ponemos delante de los ojos de los niños y sobre todo, desconfiamos en que puedan entenderlo mejor incluso que nosotros.
Mientras tanto, muchos temas importantes siguen disimulándose: “La auditoría de la deuda se realiza a cuentagotas. Los avances en materia de vivienda apenas pasan de lo cosmético. Las remunicipalizaciones se esfuman de la agenda. Se aceptan las operaciones Mahou-Calderón, Canalejas, y a buen seguro tramos del macro proyecto Chamartín. En definitiva, se cede progresivamente en todo lo que haya que ceder frente a los chantajes más evidentes de la oligarquía política y económica”.
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el arte explicado a los adultos
Un comunicado [*] de CNT Granada donde se explica la obra La Bruja y Don Cristobal de la compañía en prisión Teatro desde Abaj. Ay Manuela, gracias por venir a la Gala de los Goya.
“La Bruja y don Cristóbal” procura representar, bajo las figuras recurrentes de cuentos y teatros, la “caza de brujas” al movimiento libertario que ha sufrido en los últimos años, con los montajes policiales estilo “Operación Pandora”. La obra está protagonizada por una bruja, que representa a las personas de mala fama pública, y que se ve en la situación de enfrentarse a los cuatro poderes que rige la sociedad, esto es: la Propiedad, la Religión, la Fuerza del Estado y la Ley. La protagonista está en su casa, y, en primer lugar, su vida es interrumpida por la aparición del “Propietario”, que resulta ser el legítimo poseedor legal de la casa donde vive. No existen monjas violadas; bajo la forma de los muñecos, los adultos podemos comprobar que el propietario decide aprovecharse de la situación para violar a la bruja; en el forjeceo, la bruja mata al propietario. Pero queda embarazada, y nace un niño. Es entonces cuando aparece la segunda figura: una monja, que encarna la Religión. La monja quiere llevarse al niño, pero encuentra resistencia en la bruja, y en el enfrentamiento, la monja muere. Es entonces cuando aparece el Policía, que representa la Fuerza del Estado, y golpea a la bruja hasta dejarla inconsciente, y tras ello, construye un montaje policial para acusarla ante la Ley, colocando una pancarta de “Gora Alka-ETA” sobre su cuerpo, que intenta mantener en pie para realizar la foto, como prueba. A partir de este montaje policial, surge la cuarta figura, que es la del Juez, que acusa, y condena a muerte, a la protagonista, sacando una horca. La bruja se las arregla para engañar al juez, que mete la cabeza en su propia soga, y la aprovecha para ahorcarle, para salvar su propia vida. El relato continúa algo más, pero esta es la esencia de lo que transcurre, y donde se encuentra toda la polémica.
Quien se imaginara a la CNT explicando a los adultos de todo signo político el significado de una obra de títeres de barrio. Y es que puede decir que es de los contextos libertarios de han salido, al menos en lo que se refiere a la arqueología política del guiñol patrio, los análisis más detenidos [*]
Los abogados de los titiriteros han hecho una defensa [*] que igual valdría para que Ahora Madrid entendiera de otro modo, que no por el emprendimiento, lo que significa una cultura popular, libre y social.
También las vecinas de Tetuán han escrito un comunicado denunciado el despido del responsable de la programación [*]. Es difícil achacar estas críticas a no sé qué conivencia con el ataque de la derecha. Léanse el dossier de prensa que ha compilado la Asociación Cultural El Lokal del Raval [*] y luego piensen si se trata de hacerle juego a la derecha [*].
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violencia
Heinrich Hoffmann autor de la cruenta y turbadora fábula de Struwwelpeter [Pedro Melenas], publicado en 1844, hace a sus personajes infantiles portadores de una fuerza violenta originaria tan viciosa como irruptiva, difícilmente controlable. La Pandilla Basura o la violencia de Tom y Jerry serían ejemplos algo más contemporáneos. Ese desparpajo con el que se muestra una violencia puede ser contemplado como el impulso de desobediencia, de desajuste, de ruptura, de desorden; pero también como principio de (o un pretexto para) una vieja-nueva pedagogía del escarmiento y la coacción. En términos ‘psico’, a través de tales representaciones, puede organizarse cierto dominio simbólico de una serie de fantasmas que angustian a los adultos y así negociar los miedos y preocupaciones de sus menores. Quizá en este sentido pueda pensarse el hecho de que Goethe, que criticó suficientemente los peligros de la revoluciones violentas, regalara una pequeña guillotina de juguete a su hijo August. Pero quizá la representación de esta clase de violencia infantil tenga más que ver con una fuerza que, como sucede en la operación dramatúrgica de la suplantación, permite poder representar lo irrepresentable “a una distancia necesaria para abordar la crítica al mal”. Es en este sentido que toda la violencia del retablillo censurado estos días sería tan sólo una herramienta justamente para que los más pequeños puedan abordar una crítica del mal.



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galería
Y una pequeña galería del arte del muñeco que los que se creyeron los “soviets de Madrid” sancionan por incumplimiento de contrato o mal gusto y la fiscalía del Estado castiga por enaltecimiento terrorismo.






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Concentraciones



El otro día, antes de ir al Prado para preparar las próximas visitas para unas jornadas en Intermediae, donde la “nueva cultura social” campa a sus anchas, pasé por Moyano a ver a J. Hacía sol y frío. Parece ser que el nuevo ayuntamiento tiene planes para “dinamizar” la vieja cuesta de los libros, encargo cuyos ‘juegos’ van a llevar a cabo los nuevos arquitectos de la revalorización social. Ojalá los efectos del gesto urbano que traman no sean los mismos que los cumplidos cada vez que desmontan sus palés de mercancías: remonetizar los viejos barrios, pese a todas las narrativas que quieran capturar. El amigo librero, sabiendo de mi interés por el Heraklés de Gil-Albert, me mostró el librito de Drama Patrio, editado por Tusquets en Marginales en 1977, que había sido escrito en 1964 tras dieciocho años de su retorno a España en el 46. Bajando por Moyano también Pedro G Romero, intenté hacer de vulgar comercial y vendérselo con elocuencia. El artista andaba a otra cosa, libros de época sobre el discurso pacifista durante la Primera Guerra, pero nada sabíamos y nada tenía el librero para ofrecerle. Yo sólo el rumor del Instante Peligroso, de Jünger, y el primer volumen de Cansinos Assens en La novela de un literato en el que cuenta la llegada a España, por su neutralidad, de toda clase de artistas e intelectuales extranjeros. Quizá sólo por este pacifismo, pudieron verse los Ballets Rusos en Madrid. Volviendo; el artista no se llevó el librito y siguió bajando en busca de libros o mejores bookdealers que nosotros. Al final me lo llevé yo. Ya casi a las puertas del museo, leí que el intelectual pasó por aquí el primer día tras su llegada a Madrid. Un relato en 100 pagintas de la ‘cosa española’, del capricho nacionalcatólico y anarquista, mediado por una posición muy libre, rara avis hoy, y colofón de un tríptico poético que merece la pena leer. He de preguntarle por esto a Germán.
[[[ Extracto sólo el comienzo, para recoger un motivo recurrente en las marañas discursivas en que se introduce la idea de infancia y que nos llevó un tiempo en la investigación desentramar. Me refiero al modo en que se frecuenta el universo de lo infantil para explicar, revelando su carácter caprichoso, lo peor: servidumbre y mancipación ]]]
Cuando no se “representa” nada, cuando simplemente se es,y no nos liga el compromiso alguno político, económico, o profesional, de grupo o de clase, o de partido, tal vez podamos permitirnos hablar con independencia en nombre de todos o, al menos, para que todos nos comprendan. […] muchos -¿la mayoría?- no sienten ese atractivo -esa necesidad- de ser independientes, siendo su aspiración, por el contrario, de signo opuesto; buscan, o se confortan, sabiéndose protegidos, ‘dirigidos’, mandados. Pero hay siempre unos hombres, en cualquier región, en cualquier clima, muchos anónimos, algunos singulares, para quienes la vida, su vida propia, pero también, y casi a la misma altura, su vida social, su vida nacional, es refractaria al mando y que sólo encuentran aliciente en vivir como lo que son, o creen ser, hombres, no soldados, seres, unos relevantes otros modestos, pero que no entienden la vida más que como el continente de una mínima porción verdadera de libertad sin la cual, los mayores acontecimientos sociales no son sino monumentos de piedra, y la vida interior, un mecanismo marcial que acaba por colocar, allí donde íbamos a buscar al ser vivo, el rostro antipático de una consigna seca o la degradación respulsiva de una obediencia deshumanizada. Estos hombres que quieren vivir como lo que se sienten, cuerpos vibrantes, entes con razón, no siempre se dan cuenta de lo que les pasa o, en el desconcierto del mundo actual, no aciertan a expresarse a sí mismos, atenazados, por tal acumulación operante de prejuicios, la índole de sus sentimientos; otros se desconciertan, y mal, o tendenciosamente informados fluctúan, y hasta están en peligro de naufragar; más que traicionar su ideal se hacen indiferentes, flotan, aceptan sin saberlo, se neutraizan, se rinden si, sobre todo, la cuota que se les paga, asciende. Están en primer lugar los jóvenes, no todos, que quieren saber, que no están dispuestos, o creen al menos, a doblar la frente, pero que corren el riesgo de caer en las viejas trampas o nuevas las nuevas mixtificaciones. […] Hace dieciocho años que pisé, de nuevo, tierra española. Regresé, del exilio, a mi antigua casa. […] Lo que yo vi a mi llegada es lo que algunos llaman con encomio, la España eterna; para mí fue, más bien, un fantasma que cobraba realidad. […] Atonía, esto era lo primero que se percibía en la España victoriosa; una victoria de vencidos, vivida por los vencidos. Sin fe en nada. Henchida en vanagloria y carente de realidad íntima, de calor virginal. Los jóvenes, niños durante la guerra civil, crecían respirando un aire enrarecido que ellos, a su vez, devolvían al ambiente después de haberlo sentido circular por sus pulmones viciados. Lo cual producía los efectos de un estancamiento imaginativo que había acabado por oxidar los resortes de la acción, y del pensamiento. Las gentes, los españoles, no se interesaban por nada que no fuera ‘figurar’, el medrar, el presumir, y ¡ay! el servir, como hacía tantos siglos que venía ocurriendo. Por uno de esos sarcamos mal intencionados que se permite la vida, o la historia, ese pueblo que se las tenía de soberbio, casi podría decirse que, desde los tiempos de su unidad nacional, no había hecho otra cosa sino vivir postrado en la servidumbre, mientras se le respetaban, eso sí, el uso y hasta el abuso, de sus caprichos, como se deja hacer con los niños, que juegan pero que no gobiernan.
Drama Patrio, Juan Gil-Albert. 1964.

La asociación “La Vie Active” (Via activa), que gestiona el centro Jules Ferry de antención a los inmigrantes [*], ha instalado unos barracones en Calais para albergar más de 1,500 inmigrantes. Lundi Matin ha publicado hoy unas fotos que un arquitecto sacó de allí tras una visita [*] y un extenso artículo sobre los contenedores de la vergüenza [*] Una nota le acompaña:






Lo de que “no ha sido concebido por un arquitecto”, bueno, presupone una sensibilidad para los arquitectos sumamente discutible. Como si a los arquitectos nunca se les hubiera ocurrido la brillante idea de imaginar vidas en contenedores destinados al transporte de mercancías. De hecho les encantan y estas invenciones son presentadas por los arquitectos como la panacea del reciclaje y el ahorro [*] Sólo hay que pintarlos de colorinchis para disimular el proceso de mercantilización de las vidas que esconden. El estudio MVRDV, los ha utilizado con aplomo en sus proyectos: el Centro de estudio contra el Cáncer en Amsterdam [*] o más preocupante aún, su “Container City”de Londres.


Dice José Bautista en su crónica “Una noche en La Jungla de Calais” publicada en ElDiario.es [*] sobre estos barracones.
“El camino a la calle comercial flanquea una zona vallada e iluminada custodiada por guardias con perros. En el interior hay varias decenas de contenedores blancos. La imagen recuerda a una escena de ‘La lista de Schindler’. El recinto es un nuevo campamento construido con fondos públicos para alojar a los desplazados que desde mediados de enero son expulsados de las chabolas cercanas a la autopista.
Para disfrutar de la limpieza y seguridad de las nuevas instalaciones es obligatorio registrar las huellas dactilares, una marca que más tarde emplean las autoridades británicas para devolver a Francia a quienes logran cruzar el Canal de la Mancha. La práctica también funciona en sentido contrario: el hermano de Sehia no puede ir a Francia porque le tomaron las huellas en Inglaterra”.


“En el campamento de emigrantes y refugiados de Calais malviven más de 7.000 personas que huyen de la guerra y el hambre. Entre charcos de lodo, chabolas de plástico y basura, sus habitantes aguardan la noche para intentar colarse en algún tren o camión con destino a Reino Unido,a treinta kilómetros al otro lado del Canal de la Mancha. Allí les espera un familiar o un amigo y la esperanza de tener una vida digna. […] La jungla de Calais empezó a crecer cuando la policía desmanteló otros campamentos cerca del Eurotúnel y el puerto. Gracias a la labor de asociaciones, voluntarios y emigrantes que vuelven para ayudar tras obtener el permiso de residencia, el campamento cuenta con un centro de vacunación, una iglesia, una mezquita y hasta una carpa donde pinchan música. Sin embargo, la higiene brilla por su ausencia y al caer la noche las ratas se apoderan del campamento. Ya ha habido varios brotes de sarampión, sarna y otras enfermedades, y ahora los voluntarios no dan abasto con las vacunas contra la gripe. La luz de las sirenas marca el final de las chabolas y tiendas de campaña y el principio del mundo urbano, concretamente la autopista. Desde agosto de 2015 el gobierno mantiene desplegados a 1.300 policías en Calais, una medida que agrada a los locales, entre quienes el Frente Nacional es cada vez más popular.”
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Está teniendo lugar estos días en Utrech la VI Cumbre del Nuevo Mundo – Stateless Democracy que busca desacoplar la democracia de la idea de estados-nación. La mayoría de las participantes traen la voz de aquellas luchas o movimientos que han sido designados (y asignados) muchas veces como “terroristas”, más que nada por el desafío que suponen para el orden del mundo [[[ Este año Nancy Hollander (representante legal de Chelsea Manning y Mohamedou Ould Slahi); Birgitta Jónsdóttir (Partido Pirata Islandia); Amina Osse (representante Partido Unión Demócratica, PYD, Kurdistán sirio); Dilar Dirik (Movimiento de Mujeres kurdas); Quim Arrufat (Candidaturas de Unidad Popular, CUP, Catalunya); Leila Khaled (Frente Popular de Liberación de Palestina, PLFP); Jennifer McCann (Sinn Féin, Irlanda); Ilena Saturay (Movimiento Democrático Nacional de Filipinas; Emory Douglas (artista, el ex ministro de Cultura del Black Panthers Party); Meike Nack (Fundación de Mujeres Libres, Weqfa, Kurdistán sirio); Suthaharan Nadarajah (Tamil Eelam); Simon P. Sapioper (República de Papúa Occidental); Vivian Ziherl (Fronteras Imaginarias); colectivo de refugiados Estamos aquí; Barcelona en Comú.]]]] Antes que una idea vinculada a un cuerpo teórico particular, muchas prácticas y políticas de aquí y allá implementan la idea de una democracia no vinculada al aparato estatal, destinado, se diría por naturaleza, a imposibilitarla una vez que el capital y la desigualdad se ha filtrado en sus estructuras y burocracias.
Las primeras cinco cumbres estuvieron vinculadas a eventos artísticos internacionales, pero otras citas tuvieron lugar en Mali, India y la cita del año pasado tuvo lugar en Derik, en Rojava. La lucha del pueblo kurdo puede entenderse desde este contexto a partir de la idea del Confederalismo democrático [*] de Öcalan [*]:
El derecho a la autodeterminación de las personas incluye el derecho a un Estado propio. Sin embargo, la fundación de un Estado no incrementa la libertad de las personas. El sistema de las Naciones Unidas, basado en Estados-Nación, permanece ineficiente. Mientras tanto, los Estados-Nación se han Convertido en un serio obstáculo para cualquier desarrollo social. El Confederalismo Democrático es, en contraste, el paradigma de los oprimidos. No es controlado por el Estado. Al mismo tiempo, el Confederalismo Democrático es el proyecto original, cultural y organizativo de una nación democrática. El Confederalismo Democrático se fundamenta en una participación de base. Su proceso de toma de decisiones yace en las comunidades. Los estratos superiores únicamente sirven a la coordinación e implementación de la voluntad de las comunidades que envían sus delegados a las asambleas generales. Por un limitado lapso de tiempo, éstos resultan tanto portavoz como institución ejecutiva. Sin embargo, el poder básico de decisión descansa en las instituciones locales de base.
Las New World Summit fueron ideadas en 2012 por un artista llamado Jonas Staal, y que pretende un poco jaquear las cumbres y las formas de la ONU a nivel discursivo y agenciárselas a nivel formal. Han construido una especie de parlamentos que nos resultan interesantes, no sólo por las fuerzas reunidas habitualmente excluídas de los foros de política internacional y que aquí están representadas con voz propia: también por la intervención material, su tendencia hacia el círculo, el triángulo, formas cerrada en cualquier caso, dentro de las cuales aún late la forma asamblearia/concejista disuelta en la mayoría de parlamentos modernos.
Aquí algunos de esas arquitecturas:
New World Summit Berlín / 2012


New World Summit / Kochi 2012-2013 (La policía india impidió este encuentro)


New World Summit 2015 / Rojava [[[ Dossier PDF ]]]




No son monumentos, sino lugares donde encontrarse.
New World Summit–Rojava, Part I from New World Summit on Vimeo.

Hasta el domingo habrá emisiones en directo de las ponencias y los debates.

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Estancado aparentemente en el tiempo, el simbolismo de la cultura popular continúa vehiculando un mensaje interminabe que obsesivamente repite y obliga a aprender horribles historias del sexo, del amor y de la muerte de los hombres y los dioses.
Esa cutura es otra, y es otra su religión. Es, sobre todo, la cultura de las madres y la religión de las madres, que los hijos (todos los varones lo son en las clases populares españolas) dolorosa y orgullosamente cumplen.
La fiesta popular (la que crea o la que secuestra al pueblo) es la exaltación de una organización del mundo, violentamente fundada, que supone la hegemonía de la comunidad sobre sí misma […] No hay desorden en las fiestas, sino exaltación y rejuvenecimiento de un orden diferente; no hay descontrol sino ejercicio de un poder que no es el de los poderosos.
En casi todas las expresiones que ha tomado (del isismo a la brujería, de los cultos adonaicos a la veneración de la Virgen), y también ahora, la religión popular ha sido, por sus contenidos, y por el mismo componente humano de su práctica la religión de las mujeres. Allí se ha instituido la latencia de su ancestralmente temido poder. Y ése es también el sentido de persecución o marginamiento.
Hoy, el combate contra las taurolatrías cobra esa misma dirección: la del proceso de destrucción de la vieja religión de la madre y el hijo, de la casa, de la comunidad reconocible y la imposición, también entre las clases populares, y las más reacias a ello, de un único modelo de orden y poder, que no es otro que el patriarcal, naturalmente adecuado al proyecto de mundo diseñado desde arriba para las grandes sociedades jerarquizadas, estratificadas, sometidas a control estatal.
Lo femenino radical como sedición. El reino de la madre está en las antípodas del reino del Estado y en el estruendoso imperio del desamor aún alguien pronuncia y alguien escucha palabras inolvidadas.
No no / ven sueño. / Duerme pequeño, tu madre te mece, / has de crecer muy deprisa; / hazte fuerte, / para la muerte / ¿Serás bravo o de paz? / ¿Serás carne de matadero o mártir nacional? / Es igual / Basta todo / para un toro. / Ahora soñar, ternerito / No no / ven sueño.
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Carolina Bescansa, diputada de Podemos, se presentó con su hijo vestido de blanco inmaculado en el Parlamento en la primera sesión del Congreso tras las elecciones. La cosa ha sido ampliamente comentada por los que han denunciado el espectáculo pueril en la cámara (y otra vez los piojos, bichejo de querencia infantil, hablaremos de ellos más adelante) y los que se lo han tomado como una reivindicación de la conciliación laboral y los derechos de las madres.

La imagen puede parecer sorprendente, inoportuna, no obstante las campañas electorales de todo signo político o ideología están pobladas de niños. Recuerda al uso que de ellos se hace en el ámbito mercantil. Pero las resonancias de la figura del niño y los sentidos de la infancia en la política son más densos e intensos quizá.
Los del partido que se presentan como mayores, hablaron de “Un país en serio” pero se recordará a su cabeza de lista melodramatizando sobre la niña de la crisis española, en otra campaña electoral. El mayor partido de la oposición alardeaba de experiencia y prometía gobierno para la mayoría. Ambos partidos se presentaban como portadores de una experiencia madura y experta (una madurez acaso conseguida a base de articular nuestra venida a menos) que pretendían hacer valer frente a la inexperiencia que acusaron en sus adversarios, que aunque pequeños llegados por abajo, afirmaban mayor altitud moral y ética.
Nadie quiere ser tratado como un niño. Todos quieren acercarse a él. Para todos estos políticos es muy importante presentarse como defensores de los más débiles, de los más desposeídos. Necesitan su voto, lo intercambian por una ilusión no muy diferente a la de los niños y al mismo tiempo completamente distinta a ella, capturándola para unos sueños o deseos que no son de la infancia.

Mientas unos se sienten con la responsabilidad de los ‘mayores’, los hay también quienes se atribuyen el papel de ‘menores’ desde la idea de ignorancia, de incapacidad o de impotencia, incorporando no sólo el deseo o la ilusión, acaso también el miedo que pensamos caracteriza a los niños y que nos hace buscar a otros que nos guíen y nos protejan, que nos ofrezcan buenas explicaciones del mundo, expertos que se dediquen a lo que pensamos no podemos hacer, padres o jefes que organizen lo que pensamos no podemos organizar, fabricantes que fabriquen las cosas que necesitamos (las necesidades mismas, han de ser producidas). Todo ello desarrollando una tolerancia hacia los abusos que vienen de los que nos tutelan y se supone nos protegen, volviéndolos incluso razonables, comprensibles. Eficacia del dominador, pereza y mansedumbre del dominado, amor a las cadenas… ¿cómo hacerse cargo, incluso frente a la cosa más pequeña y sencilla, de esta subordinación al poder mayor que nos damos a nosotros mismos? Esta tolerancia a la servidumbre, esta aprobación de la obdeciencia, efectivamente nos convertiría en gran medida, como tantos analistas y ficciones han determinado, en una sociedad pueril, inmadura, infantiloide. Entendemos que cualquier defensa de la infancia pueda sonar sospechosa en un momento en que las máquinas de infantilización funcionan a todo trapo.

El ilustrador Miguel Brieva ha transitado en sus ilustraciones de diversas maneras los caminos de metonimización entre niño y adulto, entre infancia y política [*]. Daría para una tesis entera. Hace unos años fue el encargado de dar forma a una campaña por la “revolución democrática” de una plataforma a la que aún le quedaba por cumplir con algunos otros avatares antes de conformar, junto a otras fuerzas, la candidatura Ahora Madrid. Esta plataforma ciudadana editó en 2014 un folleto llamado Carta por la Democracia [*] ilustrado en su portada con un congreso de los diputados tomado por la gente.
La avanzadilla o vanguardia de esta masa que irrumpe en el hemiciclo está compuesta de niños que juegan a la comba o que asustan con un molinillo a los pocos políticos que aún permanecen sentados en sus escaños, verdaderamente temerosos de la entrada de ‘la gente’. Los ciudadanos marchan en un número masivo. Su color es blanco, como el de los políticos (sólo las estructuras tienen color). Muestran pancartas: “EDUCACIÓN”, “VIVIENDA”, “SANIDAD’ y una más breve; “SÍ”. Vemos una guitarra y unos globos rojos, y al fondo una ciudad que no parece en ruinas, sino pacíficamente urbanizada.
Nótese que, según la estructura habitual del Congreso de los Diputados, la gente irrumpiría por el centro. Realmente esa es la sección dedicada a las coaliciones, convergencias o grupos mixtos (de carácter nacionalista en algunos casos), lo que quizá podría indicar, y a pesar de la espectacular irrupción de las masas en la escena, cierta ambigüedad a la hora de imaginar una posición en el tablero, además de aludir a una suerte de clase media, concernida por el deterioro del estado del bienestar. Sobre la colorida alfombra de ese congreso, una niña contempla un sobre: es la carta misma que presenta el folletín, que en otra ocasión, siendo portada por una masa abigarrada de gente (niñas y barbudos con camisetas de soles) que avanzan en la misma dirección, aparecerá siendo introducida en una urna rebrotada. El debate de la política, de la mano de todos estos niños, o estos adultos que mentan a la infancia, nos dirige a votar.
Si volvemos a la Carta, en otra de las páginas se producen otros juegos de escalas. Una imagen, ampliamente replicada en las redes, muestra una ciudad que no podemos reconocer como Madrid, pues por su armonizado urbanismo parecería más Berlín o París. Hay un río sobre el que circulan barquitos, y un buen número de edificios que se pueden reconocer como institucionales. Sobre esta ciudad camina un gigante que es un niño o un niño que es un gigante, una extraña combinación de fuerzas. Este niño que tiene un pie en el río y otro encima de un edificio lleva un bote de pintura en una mano y un pincel chorreante en la otra. En el bote de pintura puede leerse “Pintura LA RAZÓN”, y en otra página descubrimos, una ciudad mucho más futurista aún (con metros aéreos, modernos rascacielos…) en cuyos edificios este niño habría dejado algunos mensajes: “democracia”, “igualdad”, “dignidad”, “justicia” y “libertad”, palabras que resultan extraños al ser consignadas por un niño.
Con Benjamin puede aprenderse que la reducción de los objetos, del cuerpo, nos trae la amenaza de la desaparición, pero también la idea de una verdad pura e irreductible, que resiste, por muy pequeña que parezca. Del agigantamiento se puede decir algo parecido. Alba Rico dice en Leer con niños que “amamos lo grande, nos admira o da risa, porque siempre es más pequeño que el todo”, y al contrario: “amamos lo pequeño, nos da ternura o nos parece hilarante, porque siempre es más grande que la nada”. Lo grande tiende a lo inconmensurable, por eso tiene algo de amenaza; lo pequeño a la desaparición, por eso a veces nos agrada o nos da pena, pero sólo se da esta experimentación cuando nos comparamos con ellos. Ellos dos juntos, el mayor y el menudo (El gordo y el flaco, Frankestein y la niña, el elefante y el ratón, el Quijote y Sancho) componen lo que Alba Rico llama “maravillosa desigualdad”, limitados por arriba y por abajo, “salvados por los pelos”.
Pero en la escena de Brieva lo que tenemos es un agrandamiento de lo pequeño, no una correlación, no una “maravillosa desigualdad” sino una yuxtaposición de las dos ideas. Quizá pueda entenderse como una manera simple de representar la potencia de lo pequeño (“Somos mayores, no los necesitamos ¿Vamos juntas?” decía uno de los ‘tuits’ de la cuenta oficial del ‘movimiento’). En el folleto hay un texto sobre esta escena que dice “Un acuerdo basado en el reconocimiento de la capacidad de la sociedad para organizarse, crear instituciones y gobernarse”, lo que no dejaría dudas de la voluntad de ruptura respecto de la política de los partidos convencionales, al defender, mediante este agigantamiento, la legitimidad de los de abajo.
Aunque el mismo proceso pueda darse a la inversa y lo infantil valga también para menospreciar a los que se creen mayores:
Pero en la carta del Movimiento por la Democracia hay más gigantes: una mujer adulta de tamaño descomunal, se asoma a un bloque abierto en canal como el 13 Rue del Percebe para entregar a una abuelita una bolsa con frutas o verduras. Preciado hizo mención alguna vez a este miedo a las mujeres gigantas [*] En ese salón un hombre friega los platos; un joven con sudadera de capucha da el biberón a un bebé; abajo tocan el violín; al fondo una ciudad igualmente desconflictuada (la única escena a la contra serían la de las pintadas del niño): pasos de cebra, ni un sólo coche, parques cuidados, columpios poblados de niños a las puertas de un colegio, incluso una huerta. Quizá aquel niño gigante no es una especie de superhéroe de este movimiento sino que, teniendo en cuenta esa otra giganta madre-mujer, tal vez con ellos Brieva habría tratado de subrayar elementos significativos de esta nueva política: los niños gigantes indicarían el poder de los de abajo y las mujeres gigantes su feminismo.

El vídeo de presentación de la candidatura Guanyem [*], consistió también en una niña que jugaba con un globo rojo muy cerca de la alcaldía de Barcelona. En un mitin con la candidata de Ahora Madrid, Ada Colau se defendía de la acusación de inexperiencia afirmando que efectivamente estas candidaturas no tenían experiencia en sobresueldos, pero sí “en mujeres que llegan a fin de mes”. En mayo de 2015, un diputado del PP le decía a Teresa Rodríguez, presidenta de Podemos Andalucía “Cállate bonita, no tienes ni puta idea”. En contadas ocasiones Manuela Carmena, la súper-abuela pro-movimientos sociales de la candidatura ciudadana de Madrid, ha mencionado frecuentemente el mito de David contra Goliat para manifestar su confianza en los pequeños. Fue propietaria de una tienda muy chic en Malasaña que vendía ropa infantil y juguetes de tela confeccionada en prisiones de mujeres [*]. Presentada como un proyecto de “reinserción social”, quizá este pequeño negocio que revierte “en un sector de la sociedad marginado” y pueda dar cuenta de qué modo la llamada ‘economía social’ se encuentra plenamente integrada en el proceso de transformación elitista de la ciudad, aunque quién soy yo para calcular ese “valor añadido” y la importancia que pueda tener este trabajo para las mujeres presas que lo realizan.


Podemos, por su cuenta, no ha dejado de recurrir, en su búsqueda de la deseada “hegemonía”, a muchas otras imágenes con niños y niñas para llamar a la ‘participación’, al tiempo que su estructura se jerarquizaba. En un tarjetón del partido morado difundido tras el 25 de marzo (tras el éxito inesperado en las elecciones europeas ) puede verse la escena del niño gigante que describimos anteriormente (parece que el mismo documento gráfico vehicula uno y otro impulso, el municipalista y el partidista) pero el texto que le acompaña es distinto: “Con ellos no pintabas nada. Contigo ahora podemos”, y le acompaña una nota que agradece “las ofertas de colaboración” pero añadiendo que “probablemente nos resulte difícil organizarnos desde ya contigo. Te pedimos un poco de paciencia”. Llamamos a la participación, pero si te pones en contacto para colaborar has de tener paciencia, no seas un niño impaciente.
Las imágenes que el partido puso en circulación son inquietantes, pues se trata de ‘niños antiguos’ (no al estilo de los “niños antiguos” de Christiane Rochefort) que juegan aún al aro o la rayuela (juego que apareció también en la propaganda de Marea Democracia), lo que nos lleva a pensar en un uso ambivalente de la infancia: la posibilidad de aludir a un proceso novedoso, a una participiación de los pequeños o los de abajo, pero emimbrada con la tradición.
Propaganda de Podemos, octubre 2014. Foto original a la izquierda de Alfred Eisenstaedt, Paris, 1963; y a la derecha de Arthur Steel, New Castle, 1962.Las crisis de todas clases (económicas, sociales, guerras…) de hecho alcanzan su representación más intensa por los efectos en los niños. Habría muchos ejemplos, pero se diría que los indicadores de pobreza, las condiciones de vida, el empobrecimiento, la destrucción o la violencia se supone se vuelven intolerables cuando se trata de niños [*]. Vehículos de expresión, pues, de las ruinas del presente, al tiempo que sugieren la posibilidad de otra cosa.


Pero este tipo de informes se manejan con la ‘crisis’ y la ‘gran recesión’ como una suerte de acontecimiento natural (como se supone es la infancia) con el cual tendríamos que batirnos a modo de desafío gubernamental, lo que no deja de ser una manera de plantear la cuestión bastante interesada y mezquina si tenemos en cuenta que la crisis no es tanto un accidente, sino que es también un negocio, una “estafa” como se decía en la calle, la forma mediante la cual se designa “aquello que se tiene la intención de reestructurar, así como se llama terroristas a aquellos a quienes uno se prepara para golpear”. Entonces se puede tomar, precisamente a los niños y jóvenes como las vidas instaladas en una suerte de ‘crisis permanente’, pues todo el rato se encuentran sometidos al remodelamiento y la reestructuración de su conducta para ajustarlos al papel que la sociedad ha previsto para ellos (serán también reprimidos según se adapten o no a esa empresa).
Podemos, los Ganemos, se refieren a una dimensión de la población que son cuantitativamente mayoría (los trabajadores, la gente) tomándose por David, y a su enemigo como a Goliat, pero podría ser, como dice Alba Rico, que fuera al revés: David ese 1% de privilegiados que se han hecho con el mecanismo (técnico) que derriba al torpe y entrañable gigante, agregado de todas las torpezas y minorías… Quien bajó a las plazas o anduvo por las calles sabe que fuimos el gigante monstruoso capaz de organizar su energía.
¿Es posible pensar que ‘los débiles’ puedan constituirse en mayoría electoral si esa maquinaria, o el sistema en general, está organizada justamente para limitar las posibilidades de que algo así pueda suceder? ¿Cuándo los grandes renunciaron a sus privilegios sobre los pequeños? ¿Es ingenuo, como sería ‘ingenuo’ el niño, confiar en ello? ¿Cómo se le puede oponer, inclusive desde la misma idea de juventud o infancia, una imagen distinta a la que se promueven las nuevas economías del emprendimiento y la creatividad, fascinadas con un retrato sumamente sesgado de eso que llaman “nueva juventud militante europea”? [*] Quizá, como dice Jorge Larrosa, el niño nunca es por lo que ponemos en él. Y antes que a un plan de reformas, el niño nos invita a una utopía.
Ya sabíamos que se mentaría la juventud, la infancia o al niño, para manifestar el derecho a que algo nuevo o distinto pueda surgir y crecer No pocos artistas se han consagrado al niño precisamente para desentenderse de tal o cual normativización creadora: se acude a la infancia y a su breve memoria para desentenderse igualmente de las cuestiones que pudieran parecer demasiado viejas o pesadas para emprender el cambio; y nos reafirmamos también en la infancia, para manifestar cierto desinterés y espontaneidad, entusiasmo, libertad e incluso osadía, necesaria para batirse en un campo de batalla, restringido a unas formas de vida supuestamente maduras y mayores. Pero estas maniobras de la representación política sostenidas por la imagen del menor ignoran (y aunque nos resulten quizá más ‘simpáticas’) el hecho de que esta figura y sus potencias discute y sabotea muchas veces la propia lógica del gobernar.

Todo esto que había comenzado un domingo bajo la forma de manifestación (nuestras vidas no son mercancías en manos de los políticos) había seguido con un poco de revuelta (Lo queremos todo, lo queremos ahora), y luego una inolvidable acampada (Todo el poder para las asambleas); toma la forma ahora de una elección. Los gestos que habían sido capaces de traer al mundo otro mundo, son reformulados y llamados a las urnas. Y es aquí donde perdemos un poco al niño, que quizá es para otra política, algo más contradictoria, algo más arriesgada, algo más poética como habrá tiempo de desarrollar. No obstante, aquellas personas que han organizado así la política de hoy aspiran a contar aún con la confianza de los de la acampada; los de la revuelta; los de la manifestación y con aplomo describen la situación actual como un paso ‘lógico’ en el acontecimiento. En un texto Enmanuel Rodríguez sugería que la idea de una sociedad resuelta en las nociones de ‘mayoría social’, ‘ciudadanía’ o incluso de ‘gente’ opaca el desajuste que caracteriza ‘lo social’: “el retorno –por imaginario que sea– al puré indiferenciado de las clases medias sólo permite, sólo puede permitir, un recambio de élites” [*].

Quizá la abuelita que recoge la verdura de la giganta de Brieva se dispone a preparar esta papilla o puré en una urbe que ignora que la imagen de ciudadanía que acoge, en connivencia con esa otra idea de infancia tan desconflictuada, nada se parece al desajuste que de verdad la constituye. Un periodista ya lo advertía, las candidaturas ciudadanas tienen una habilidad sorprendente para hablar en tercera persona, para extender mediante la categoría de ‘gente’, cosas que sólo ellas piensan, dicen o hacen. Como con los niños, conoceríamos su ‘secreto’, sus necesidades, sus obligaciones, lo que en definitiva desea la gente, espera la gente… En la masa de ciudadanos que avanza hacia el Congreso del dibujo de Brieva hay pues algo inquietantemente homogéneo que denota quizá la pertenencia a una clase, cuya forma de vida se despliega en connivencia con la estructura que, cuando la empobrece, se ve a sí misma como dentro de un litigio moral entre buenos y malos y no advierte los fallos del sistema, algo que en las plazas parecía estar meridianamente claro.

De modo que se detestaría el mito de la ingenuidad infantil (que con poco acierto se declara como romántico) pero no hay capacidad de detectar cuando ese mismo mecanismo está en marcha a una escala mayor; cuando se habla de las personas, los ciudadanos o de gente con el ánimo de disponer de su voto. De manera general corremos cierto peligro en pensar que no se trata del sistema, sino de sus ‘operarios’ (los malos políticos que nos gobiernan); el problema visto así no sería la estructura, sino el modo en que es gestionada (chapuceramente, mafiosamente…) dando a entender que el sistema no es lo que falla sino la talla moral de los que lo organizan. El 20 de mayo del año 2011 Manuel Delgado intervenía en la Plaza de Catanlunya ocupada: “El ciudadanismo es la ideología que ha venido a administrar y atemperar los restos del izquierdismo de clase media, pero también de buena parte de lo que ha sobrevivido del movimiento obrero. El ciudadanismo se concreta en un conjunto de movimientos de reforma ética del capitalismo, que aspiran a aliviar sus efectos mediante una agudización de los valores democráticos abstractos y un aumento en las competencias estatales que la hagan posible, entendiendo de algún modo que la explotación, la exclusión y el abuso no son factores estructurantes, sino meros accidentes o contingencias de un sistema de dominación al que se cree posible mejorar moralmente. El ciudadanismo no impugna el capitalismo, sino sus ‘excesos’ y su carencia de escrúpulos”. [*]
El Comité Invisible afirma en un epígrafe de A nuestros amigos, titulado “Nuestra única patria: la infancia” que en las ciudades está teniendo lugar un fino proceso de selección que distingue entre los que pueden vivir en ellas y los que no, y mucha gente está siendo expulsada de ese ‘paraíso por venir’ de huertos urbanos, centros sociales y fablabs proyectados por emprendedores que, al tiempo que analizan y denuncian la gentrificación, se diría son quizá sus mejores dinamizadores. Digamos que los dibujos de Brieva exponen algunos de estos ‘espejismos urbanos ciudadanos’ que estarían por pensarse en relación al movimiento material que se constituye y aspira llegar a gobernarnos, con nuestro permiso.
Alba Rico quiso recordar a los niños con los que leía Herodoto que a partir de él: “Todo relato es un relato de legitimación; los vencedores tienen que narrar su victoria y la tienen que narrar subvertida o volteada, como si fuera la victoria de la justicia, el triunfo de la razón, la superioridad del débil frente al fuerte […] Hasta tal punto este Gran Cuento es poderoso que inevitablemente se nos impone la ilusión de que en la figura de Espartaco crucificado, vencieron los esclavos, de que el final de las guerras médicas es el principio de un nuevo mundo y de que nuestros abuelos republicanos no lucharon en vano”.
Ojalá este proceso que desea verse en hermanamiento con lo que vivimos en las plazas no
recurra a este “Gran Cuento”, que esconde que el triunfo de los pequeños, de David, sólo ilustra la derrota moral de los vencedores (o “la mínima derrota de los poderosos” o “el triunfo insuficiente de los débiles”). Coupat y cía. dicen que “si las elecciones son desde hace dos buenos siglos el instrumento más socorrido, después del ejército, para hacer callar a las insurrecciones, es sin duda porque los insurrectos nunca son mayoría”. Pero el Comité Invisible del 2015 ya no es el del 2007 y reconoce que en la “conspiración difusa” a la que ellos también pertenecen (o pertenecieron antes de presentarse a cara descubierta en las librerías de aquí y allá) “reina la mayor confusión” y su partido (recuérdese, el Partido Imaginario) “por todas partes se tropieza con su propia herencia ideológica: se engancha a los pies de todo un armazón de tradiciones revolucionarias derrotadas y difuntas, pero que exigen respeto”.
Las insurrecciones llegaron pero no las revoluciones: “hemos sido despojados de la revolución como proceso”, admiten al comienzo de su último panfleto y es importante realizarse la pregunta sobre cómo mantenernos fiel a ellas “sin separarnos, construyendo eso mismo que, a partir de ese momento, faltaba en nuestra vida de antes”
Los revolucionarios no tienen que convertir a la ‘población’ desde la exterioridad vacía de no se sabe qué ‘proyecto de sociedad’. Tienen que partir más bien de su propia presencia, de los lugares que habitan, de los territorios que le son familiares, de los vínculos que los unen a lo que se trama a su alrededor. La vida es el lugar desde donde emanan la identificación del enemigo, las estrategias y las tácticas eficaces, y no desde una profesión de fe previa. La lógica del incremento de potencia, he ahí todo lo que se puede oponer a la lógica de la toma de poder. Habitar plenamente, he ahí todo lo que se puede oponer al paradigma del gobierno. Uno bien puede lanzarse sobre el aparato de Estado; pero si el terreno ganado no se llena inmediatamente con una vida nueva, el gobierno terminará por volver […] Quizá no haya una sociedad que destruir ni que convencer: quizá esta ficción nacida a finales del siglo XVIII y que ocupó tanto a revolucionarios como a gobernantes durante dos siglos, ha entregado su último aliento sin que nos diéramos cuenta.
Habrá que preguntarse cómo podría convenirse una política con el niño, con lo que ya hace o dice la vida en infancia (aunque parezca no decir o querer decir absolutamente nada) distinta a la de los procesos políticos de hoy que han recurrido a su figura para ilustrar la toma del poder institucional, el acceso al gobierno, política que tan ajena es al niño. Quizá su compañía nos emplaza a otro sueño.
En el juego de mandar y obedecer, de ‘ir tras’ o ‘huir de’, pronto todos los niños se mueren de aburrimiento y siempre llega el momento de inventir los términos del juego…

Hubo una tesis sobre la idea de infancia que se acabó cuando la sociedad se preguntaba, otra vez, si era ético difundir imágenes de niños refugiados muertos. Defender su difusión era para algunos periodistas y activistas una cosa bastante morbosa, además de una falta de respeto hacia el niño muerto y su familia. Por otro lado, acaso reconociendo cierta indiferencia hacia lo que se ve y al mismo tiempo exigiendo para las imágenes una efectividad total, de nada serviría propagarlas.
Recordé a Sontag para decir en un breve texto [*] que quizá los morbosos y los faltos de ética son quienes se negaban a contemplar ese tipo de imágenes, prolongando un mundo horrible sin imagen: en el que las heridas, sobre todo las que hicimos a los otros, las que habrían de comprometernos, se esconden ni lucha: en el que las rupturas se disimulan. Los menores, eternos apartados de la representación, de la sociedad en general, y sin embargo, nada en el mundo de los adultos en el que están obligados a vivir les es ajeno. Menos aún su violencia.

Todo poder comienza con el poder sobre los niños; era una buena cita creo para comenzar una tesis en la que quería hablar, no sólo ‘de los niños’, sino sobre todo de los que se toma como tales; por menores, pequeños, insignificantes, incapaces, irresponsables, por los que desean ostentar algún tipo de poder, ejercer alguna autoridad. Y ahí se diría entran casi todos los oprimidos que imaginemos.
Tanto lo peor (el fascismo, el totalitarismo, el capitalismo…) como lo mejor (la revolución, la utopía, la poesía….) pugnan por capturar para sí una idea de infancia que al final parece termina siendo ofrecida en sacrificio al capitalismo, que la toma como su bien más preciado. Pues como dicen los compraniños de El hombre que ríe de Víctor Hugo, a un niño se le puede dar la forma que se quiera.
¿Se puede pensar el mundo de hoy -los poderes, las políticas, las revoluciones, las economías- teniendo en cuenta las semánticas, gramáticas y mitologías en torno al significado de la infancia y lo infantil que se practican?
¿Se puede tomar al niño como figura portadora de un significado ambigüo, desconectada de los espacios se le supone son propios (el aula, el aprendizaje, la familia, etc….) para ponerla en otro sitio, tomándola como indicador y pivote sobre la cual pueden contarse las cosas de otra manera? Si todo poder comienza con el poder de los niños hay que pensar tanto quién es el niño como a quien se toma por tal, y al mismo tiempo qué puede un niño. O una niña. Quizá debamos custodiar una idea suficientemente ambigüa al comienzo -das kund- para poder acaso comenzar a pensar.
[atentados]
También hubo unas elecciones al parlamento de la nación en las que, como dice un amigo, “todos perdieron”. Lo nuevo que no acaba de nacer, efectivamente no acaba de nacer; lo viejo que esperamos muera no acaba de morir. También muchos sospechan si es posible que el ‘no nacido’ sea ya suficientemente viejo como para morir; o cabe preguntarse quizá por el tipo de evoluciones paidomórficas que ha puesto en marcha lo viejo para sobrevivir.
En twitter alguien apuntaba que en los dos únicos actos de violencia acontecidos durante la campaña electoral estuvo involucrado el presidente y varios menores: el presidente pegó a un menor en público (a su propio hijo) y un menor pegó al presidente en el pueblo en que nació.. Alguna gente aplaudió al segundo menor, cuando era trasladado en el coche policial [*]. A éste los medios y los políticos lo despreciaron. Los jueces lo han condenado [*] y se encuentra encarcelado en un centro dependiente del Estado en el que hace unos años murio un joven [*]. El joven agresor del presidente no se resistió al castigo, sabía lo que hizo, no se arrepentió. “El niño criminal es el que ha forzado una puerta que da a un lugar prohibido. Quiere que esa puerta se abra sobre el más bello paisaje del mundo: exige que la cárcel que merece sea feroz. Es decir, digna del esfuerzo diabólico que le ha costado conquistarla”.


Anteo Zamboni, erró en su disparo dedicado al Duce durante un desfile en Roma el 31 de octubre de 1926. El joven de 14 años fue inmediatamente linchado y atacado por los fascistas italianos. Recibió catorce puñaladas. Curiosamente, fue el padre de Pasolini (Carlo Alberto Pasolini), oficial de caballería, quien detuvo al chico. A raíz de este hecho, Mussolini suprimió las libertades y disolvió todos los partidos de la oposición.

Se diría que las leyes antiterroristas y el estatuto del menor fueron redactados por las mismas mentes. Como esperamos que los niños hagan con los adultos, toleramos la falta de libertad a cambio de una seguridad y un supuesto bienestar. Vivimos en una sociedad donde el presidente puede pegar en público a un menor, lo que viene siendo ‘una gracieta’, pero un menor no puede golpear al presidente en el pueblo donde nació aunque pensemos lo merezca. Y si lo hace, lo tomaremos igual como una gracia memética. Los golpes sólo pueden ir en una dirección, la legitimidad se calcula respecto de la obediencia. Ahí desde donde se ejerce el monopolio de la violencia (y se controlan sus significados y su praxis) también se alardea de ser la posición civilizada de un conflicto sostenido a base de tomar al oprimido por un bárbaro, por un bicho insisgnificante que hay que aplastar. La lista de abusos cometidos en Francia, desde que se declaró el “estado de emergencia”, es ya ‘enorme’ [*]
Podemos explicarles a los niños que las flores nos protegen de las balas, que los hay buenos [solemos ser nosotros] y los hay malos, llenos de odio [que suelen ser los otros]. Como si nuestros Estados ‘democraticos’ estuvieran fundados en la solidaridad y el amor (exactamente lo mismo que se espera de la familia que recibe al niño que nace). Si explicamos a los niños los conflictos del presente como un problema moral, el fraude del sistema y la ignominia de la estructura que nos estructura, quedará siempre disfrazada por los efectos de aquellos que tomamos por inmorales. Y la guerra estará asegurada.
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[cabalgatas y desfiles]
Luego hubo una navidad. Los colegios estaban ya decorados de esta fiesta cuando la sociedad acudió a ellos a despositar sus papeletas electorales. Hubo niños y viejos. Hubo también desalojo preventivo de la Puerta del Sol para practicar la fiesta del fin de año. Y hubo una cabalgata de reyes falsamente polemizada por: los que se toman por defensores de la tradición de un lado, y de otro, los que se han propuesto ser sus reformadores y modernizadores, escudados ambos en “la estética infantil” o el supuesto “gusto de los niños” (que se puede traducir, con Michelet o Bergamin, al de los pueblos) que en el fondo es producido, impuesto, introducido en un medio incuestionable. Y da lo mismo una posición que otra. Igual da el equipamiento y la carrocería del asunto “si éste obedece a las necesidades del motor”: si al final sigue siendo la Policía montada a caballo, el Corte Inglés, Cocacola, Movistar, Disney, la televisión, los vídeojuegos, las empresas del Estado, sus ‘cuerpos de seguridad’, quienes no se ha movido de sitio [*]. Desfila el orden dado para una sociedad que se trata cómo a un niño y cuya única madurez admitida será la que demuestre haberlo interiorizado a riesgo de ser tomado por ingenua, inadaptada o bárbara. La idea de Fourier de unas cruzadas remendonas que salen de Europa para zurzir los zapatos de los oprimidos de Oriente y Constantinopla resulta disparatada, pero profundamente lúcida políticamente. En nuestros desfiles realistas, diversos, multiculturales, las empresas de telefonía aún reparten coronas de cartón, la empresa que hace negocios vendiendo trajes antidisturbios al estado, trajes y cestas de navidad, llena de caramelos los bolsillos de los niños a los que enseñamos fascinantes naderías, a habitar el mundo que no han de rozar nunca, a los que enseñamos a desaprender lo que ya saben. Es tan evidente la evidencia [sic] que no necesita ser advertida: Achtung, sus hijos serán introducidos en el capitalismo de consumo al paso de este desfile.

No lamentamos el gasto del evento, sino que se trate de un gasto aún productivo, a favor de lo que hay. Transacción dedicada al mismo beneficio, nueva cabalgata multiculto pero rodavía apresada en su condición de mercancía. Si al menos se hubieran gastado ese casi millón de euros en algo verdadera y radicalmente gratuito, libre, improductivo. Los regalos, efectivamente vienen del más allá. El intercambio efectuado asegura la continuidad de cierta estructura, reafirma el estatus diferencial entre mayores y menores, entre iniciados y no iniciados pero también esta división implica tipo de economía, que se invierte ritualmente, de tanto en tanto, para que todo siga igual. Los niños son los protagonistas, los pobres comen en el ayuntamiento.
La grave traición al pacto civilizador del “pictoplasma” que se atrevió a revelar el secreto de los Reyes Magos en la televisión pública [* y *] (((que autodisciplinado ha renunciado a su bonificación salarial “pues incumplí las órdenes de la directora” y entona bellamente un mea culpa en clave barroca que esta cabalgata quiso desconocer [*]))) resulta anecdótica si lo comparamos con el secreto y el misterio del negocio que aún reina para todos. Su gobernanza sobre la vida ha pasado a frecuentarse como una naturaleza. Todos los espacios de la vida se han vueltos productivos. La economía media por los sueños de la sociedad de los niños. Su cómplice vuelve a ser la cultura, la moda que pasa, la innovación, el mito del progreso y del progresismo de siempre.


Han venido de Oriente y del Sur, están en Calais, es la noche de Reyes también para ellos:
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[naturaleza humana]
Homenajeamos y rendimos tributo a Pachamama con luces leds y máquinas de disparar serpetín y animales robotizados -antes mascotas hoy drones, el regalo de la navidad [*]- declarando nuestra incapacidad para relacionarnos con la naturaleza. La transacción afecta también a los espíritus de lo material. ¿A qué humanidad se le ocurrirá por fin crear un espacio bueno para esos animales maltratados? Ocas, burritos, toritos, camellos, que, cierto es, tanto emocionan a los niños de ciudad cuando aparecen por sus calles. En nombre de su protección y respeto se erige la idea de urbanidad, ecología y civilización más despojada de naturaleza que pueda imaginarse. Sin posibilidad de averiguar qué misterios de muerte guarda la vida y viceversa, cuánto de vida hay en la muerte. Hay que preguntarse si la época que es capaz de tratar a los animales como si fueran personas no es también es la época en la que el trato a las personas como animales se ha generalizado.
Debemos apartarnos de la naturaleza en virtud de nuestro civismo, no sea que descubramos que estamos hechos de una pasta un poco más contradictoria. Habrá que apartar de nuestros ojos la figura terrible del niño muerto en la playa de Europa, la oca del desfile, el refugiado cuya llegada todavía ignoran los ‘políticos de la bienvenida’, porque no ha sido contabilizado por su burocracia, tal y como ha de contarse cada individuo que quiera celebrar en la Puerta del Sol, y que sin embargo ha cenado y dormido en las camas de nuestros amigos que fueron a recogerlos de noche a la Estación Sur.



Disimular el despojamiento, el derrumbamiento que no cesa, con el brillo de una nueva moral política. Habrá que remover los árboles por una versión más tecnológica de la idea de árbol que se maneja en la ciudad, más eficiente, más productiva y más ecológica que el árbol mismo [*]. Lo que sea con tal de no renunciar al suplemento de seducción tecnológica que exige la época. También conceder a la ciudad gris algunos islotes de huerta autogestionada que ayudarán a monetizar al alza los barrios donde aparezcan. Los impulsores de estas nuevas políticas y esta nueva moralidad son también quienes renuevan el estilo de nuestros desfiles y quienes en situación de ficción política, como una “invasión alienígena” corren a preguntarles a los expertos y a los coroneles, “lo único real de su ficción” [* y *]. Los expertos, efectivamente, podrán dar con fórmulas como la que sigue, que ha sido utilizada por la Unión Europea para calcular los “cupos” de extranjeros por acoger en cada país.

Los recibiremos con condiciones, con desconfianza. Tal y como comienza ya nuestra democracia en las mesas electorales: los partidos se vigilan unos a otros sospechando ya de un fraude o corrupción que esperan de partida, lo que supone un problema de antemano para los que quieran argumentar que el poder político profesional no corrompe y puede llevarse una vida mora.
La ley gravitatoria del mundo sigue un nuevo magnetismo cuyo entendimiento se nos escapa. Ni las ocas, ni los niños, ni los presos,ni los emigrantes, ni los extranjeros pueden votar y sin embargo viven en el mundo que se supone decide en cada convocatoria electoral.
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[cultura por la base]
Hubo una vez una Cabalgata Indignada, un desfile de reyes sin reyes, para niños-para todos, contrapuesto al desfile oficial que tuvo lugar a pesar de la violencia policial dedicada para evitarlo, las cargas y las detenciones [*]. Bajo el lema “Hemos perdido la inocencia”, los barrios, en muy poco tiempo, habían construido toda clase de carrozas, cabezudos, disfraces y se plantaron en el centro de la ciudad con ellos. La indignación supo efectuar la inversión adultos-niños esperable en estos días de navidad de otra forma, y con ello la transacción o prestación que indicaba era también de otro tipo, afectada de otra economía. La Asamblea de la Sierra Norte de Madrid construyó una montaña, remolcada por un camión, con sus ríos y sus pinares. Un verdadero despliegue de artesanía y creatividad popular se había realizado y frente al desfile oficial, al que sólo podía asistirse como espectador, allí uno podía componerse, trabajar, inventar la mascarada con los otros y formar parte de la cabalgata, de las saturnalia de ese diciembre del 2011, cuando habían pasado seis meses de la toma de la plaza, tres meses de un 15O que terminó con la ocupación del Hotel Madrid en el tiempo de traspaso de poderes del PSOE al PP (incluidas las Delegaciones de Gobierno). El hoy ‘concejal del 15M’ (((que decretó el sueño [*] tras las elecciones municipales del 24 de mayo))) vio en aquella cabalgata “una pista sobre las nuevas instituciones” [*] y no hubiera estado mal haberla seguido el rastro. Nada de esa experiencia que vio desfilar montañas ha parecido afectar a las formas de hacer hoy el desfile, que vuelve a salir sin nosotros. No obstante en algunos barrios de Madrid, parece haberse retomado la costumbre de dejar en manos de los vecinos sus festejos, vecinos que llevaban años saliendo ya con sus magas, por cierto. En ningún caso se trata de haber escogido a tal o cual persona frente a tal o cual otra. Habría bastado quizá detenerse un poco en lo que pasa o pasó por abajo, al margen del buen trabajo que pueden hacer los trabajadores culturales, los intelectuales y los expertos en nueva cultura. La emancipación de los ciudadanos nunca obra de los ciudadanos para los creadores que se han propuesto emanciparlos.
Desde hace unas semanas una conversación está abierta con M. Ella trajo algunas preguntas importantes. La fundamental es respecto a qué pasó con el deseo de hacer política, de cambiar algunas cosas. Que nos pasó. Qué es lo que deseamos. Pero sobre todo qué pasó con la acción adherida a esos deseos. Ella se siente sola. Muchos de sus amigos y amigas ya no están. Ya no estamos. Quizá no hacía falta que yo se lo recordara.

Si pensamos que lo que ‘nació’ en las plazas tenía forma de niño, una forma descontrolada, afectiva y afectante, pero no organizada, todavía ambigua, como las colectividades de las que se nutría; el camino que va de la calle al parlamento podrá ser presentado como un ejemplo de maduración, de crecimiento. Un crecimiento de niño calculado respecto del poder que alcance y por lo tanto habrá que ver -si partimos de la cita que abría la tesis- si esta conquista del poder tiene lugar al precio de tomar a otros como inferiores. No obstante si lo que tuvo lugar en las plazas fue más bien ya una ‘madurez’, en cuanto conocimos una forma de política hecha por nosotros mismos, una emancipación obra nuestra, entonces estas evoluciones electorales serían como una especie de decrecimiento o regresión, como una vuelta a la infancia, al redil de la mancipación, en tanto en que se plantea la conversación de nuevo en la dimensión del gobierno, el gobernar, los gobernantes y gobernados.

Qué pasó con el deseo. Qué pasó con la acción para ese deseo me preguntaba M. No podrá sublimarse la pregunta inventando una nueva casita digital, pero al menos podremos compartir estas preguntas, quizá conectar con otras personas que igualmente necesitan o buscan pensar y hablar sobre lo que nos ha pasado. Y sobre lo que no nos pasa.
¿Hay alguien ahí?
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[cuadernos digitales]
¿Para qué? ¿Para quien? ¿Devenir escritor como una forma de sobrevivir a la inacción?
En una entrevista Camille de Toledo, preguntado sobre si pondría alguna bomba en algún sitio respondió:
-. ¡No! ¡Qué atraso, qué antiguo! Crearía un evento. ¡Y un libro puede serlo! Si escribo “va a empezar a llover”, hay esperanza de que empiece a llover. ¡Creo en las palabras!
Creemos en las palabras quizá por su potencia de orientarnos hacia la acción. Aunque casi siempre somos para la ausencia material de ese vínculo, a veces ocurre que algo resuena de otro modo y lo roza. Roza el mundo de otro modo que no por el gesto explotador e indiferente.
Armé en otro lado un blog con la correlación de trabajos, de creaciones, de elaboraciones y compañías [*]. Pero echaba de menos un cuaderno en el que bocetar pensamientos, lanzar preguntas, habitar contradicciones y recoger algunas formas. Hubo varias aventuras digitales antes. Puede que nadie tenga tiempo de leer, puede que yo no encuentre o cuide el tiempo para continuar. Se cruzaron algunos problemas y algunas preguntas. Volvieron algunas necesidades y algunos anhelos… abrir esto es una forma de comenzar a hacerse cargo de ello.
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[j u b e n a l i a]
Quizá a determinada gente de Madrid, de determinado rango de edad, pueda resonarle el nombre de este blog. Quizá en otro momento me ocupe de contar algo de esa historia, de las juvenalias, la fiesta de los jóvenes que Nerón [*] añadió a las Saturnales y que los socialistas montaron para los niños y niñas de Madrid.
Menores (e ideas de ‘minoría’) a los que este cuaderno quiere prestar especial atención, sin que por ello se convierta en un redil del que no podamos salir de tanto en tanto.
Para el término juvenalia, cabe inventarse una etimología por el juego homofónico de la v/b que introduce, en su acepción francesa [jubé] una forma arquitectónica de los templos o iglesias situada justamente en la frontera entre el mundo de los que controlan el rito y los fieles que lo practican. La ‘cruz del pueblo’ corona esa división que ocupa también muchas veces el coro alto.

En una película bellísima de Antonio Reis y Margarita Cordeiro, Trás-os-Montes, hay una escena en la cual el viejo concejo-coro del pueblo y el pueblo de hoy se confunden, o más bien se encuentran en el mismo lugar, en el mismo tiempo. Tiempo otro encontrado con sí mismo cuyos medianeros resultan ser unos pocos niños.

Con Jubenalia declaro (otra vez con ánimo mercuriano) una voluntad de permanecer en ese límite, en el crucero de una división (¿sagrada?) del mundo, sólo interrupida (¿profanada?) quizá por las revoluciones de todas las escalas que aún soñamos y para las que apenas conseguimos darnos la palabra que las acerca para la acción.
Y sin embargo seguimos escribiendo.
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